Poesía mexicana actual: Francisco Trejo

Vivo en la ciudad que fue líquido en su génesis: espejo con monstruos
hipnotizados ―como los enfermos de ojos amarillos que acostumbran dormir con
las cortinas abiertas, por si acaso sueñan con los astros y, al despertar de súbito,
presencian su esquirloso escape de huesos y de luces―. Soy el que escribe la
vida y sus ruidos a bordo de un camión que cruza la urbe, de norte a sur en su
desierto. Otear es mi forma de reconvenirme, mientras las cosas del mundo
transcurren por una ventanilla. Busco otros motivos y sirenas, otros lagos para
soltar los peces de mi voz, como cardumen de sangre, desde los órganos heridos.


Aquella vez, después de darme un beso, mi madre me dejó un surco en el rostro.
Luego la ingresaron al hospital en una camilla. Vi su cuerpo a lo lejos, pálido de
voz, y parecía una escultura en porcelana a punto de quebrarse. Su enfermedad
pintó de ocre mi mejilla, como el sol pinta las nubes del ocaso. He tratado de
arrancar su beso de mi carne, pero no hay filo en la zarpa del poema.


Mi corazón se redujo al espinazo de un pez. Escucho sus ruidos y siento la
punción de sus astillas. Piensa que soy agua, pero soy casi costra en esta
soledad. Que aguarde, le digo, porque ha de llover mañana —cuando exista razón
para llevar una imagen diferente a la poesía—.


Hoy encendí, desde muy temprano, el cigarrillo oculto en el cajón de mis nervios.
No recuerdo haber soñado durante la noche. Después de la ducha, volví a estar
seco de la piel y del sonido. Ahora sigo, aridozo, la misma ruta de siempre. Me
sostengo de esta voz quebrada para no caer de rodillas ―por no decir «quedarme
sin cuerpo»― y limpio el cristal empañado para ver mejor las cosas. Si pudiera
soñar, seguro sería, otra vez, la escena donde me corto la mano con los vidrios de
un vaso, mientras intento borrar de su fondo la mancha de la muerte.


¿En dónde está, por qué calles pudo perderse el amor de mi criatura? No todos
los cuerpos que se ausentan están muertos. Hay corazones que laten y esperan la
luz entre el agua y los juncos, como el que espera un rostro conocido para
saberse de nuevo carne viva.

Fragmentos de Esdrújulo monstruo, animal de lágrima en sus ojos amarillos
(Editorial Praxis, 2022)


Francisco Trejo (Ciudad de México, 1987). Poeta, ensayista, investigador y editor. Entre otros reconocimientos, obtuvo el VIII Premio Nacional de Poesía Ignacio Manuel Altamirano 2012, el XIII Premio Internacional Bonaventuriano de Poesía 2017, el VI Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero 2019 y el XIV Premio de Poesía Editorial Praxis 2021. Algunos de sus libros publicados son: Penélope frente al reloj (2019/2021), De cómo las aves pronuncian su dalia frente al cardo (2018/2021), Canción de la tijera en el ovillo (2017/2020) y El tábano canta en los hoteles (2015).

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