Muestra poética de Diego Quintero Martins

Salet

Nadie quiere verse desnudo sin furia sin calcio, sentir lo perdido por el tiempo —envejecer y decirse su padre. Regreso al útero donde la música es sad y los colores púrpura y las razones de los colores una reacción hormonal. Regreso al útero donde reside lo explicativo y contemplo el resto de mis dientes.

Baby we rolling

Sonámbulos en un motel a la ribera
donde teorizo con el fémur
si soy quien digo ser, tal vez un chico rudo
junto a otro menos rudo.
Un motel a la ribera donde es fácil
cuestionar mi nombre a gritos, el eco
que rasga cuando un hombre entra
dónde ningún hombre entró,
la lengua como una arteria
entre la pelvis y el latido.
Sonámbulos pero no iguales,
nunca iguales, ahí la gracia
de la piel sudorosa: brilla
como lo nuevo, un diamante
en la carne. La mañana siguiente
diremos haberlo perdido.

I

Nací al límite de la soviet donde los árboles, recuerdo, las hojas, recuerdo, se abrazaban a la tibieza de julio como las manos pequeñas y grises del recién nacido. Lo demás se diluyó en la nebulosa de los primeros días tal cual la juventud paterna se diluye en lo cirílico. Taskent se olvida y avanza y se adhiere a la gangrena del tiempo, repta, sí, con el cuerpo acercándose a la descomposición necesaria, inevitable. Mi enfisema es signo de varios trabajos de call center y los kilómetros equidistan los años, un bólido es para soñarse ¿o no? Un bólido me lleva a una isla microscópica del atlántico. Mis abuelos viven en Mindelo con algo de sosiego a pesar de pertenecer a un pueblo vibrante y pienso en la morabeza y pienso en la morna y los barcos son temporales.


Diego Quintero Martins (Taskent, Uzbekistan, 1990) es autor de los poemarios Estación Baudelaire (Ediciones Espiral, 2015) y Taskent soledad ultra (Ediciones Espiral, 2017/Ediciones liliputienses, 2019).

Poesía mexicana actual: Mercedes Soto

Tacto
El nocturno corre
como la sangre por mis venas,
se extiende para cubrir
las memorias grises que cargaban
las extremidades de mi cuerpo.
Ya no puedo ser la misma,
porque ahora
       mi carne,
se pudre con el tacto.



La bestia…
marcó mi vida de un zarpazo,
sin llegar tan profundo sangré una vida,
me vendé los ojos
para andar con la cicatriz
que la marea cubre
       seguí
como si el viento no afectara el barco,
como si poseidón fuera piadoso,
como si Ítaca fuera el fin.
Hoy
   la veo sangrando,
y lloro por ella,
            porque entiendo el dolor
de vivir sin motivos suficientes.



Te arrancaron de los huesos de tus padres

Te cortaron de las venas de tus hermanos,
Secaron la vida que germinaba dentro de ti
Y te volviste un árbol
donde tu madre se hincaba a orar por tu regreso,
en tu vida o una tu muerte…
Seguimos implorándole por ti,
             Todavía sigues arrancada
Pero te plantamos en la cumbre de nuestro corazón
Porque sin importar el tiempo,
En ruido o en silencio
El grito de todos ruge
Para matar la bestia de tu ausencia.



Mercedes Janeth Soto Sánchez (7 de enero de1994). Oriunda de Los Reyes de Salgado, Michoacán, México. Coordinadora de Cardenal Revista Literaria en GDL, 2022. Presentó su obra literaria en el XIII Festival Cultural de Atenas, Grecia, 2021. Ha publicado en diversas revistas literarias tales como: Nueva York Poetry, Buenos Aires Poetry, Por Escrito, Monolito, Sindh Courier, Cardenal, entre otras. Licenciada en Derecho por la universidad Jesuita de Guadalajara, ITESO, 2018. Becaria en Festival Cultural Interfaz del ISSSTE, Guanajuato, 2018. Coautora del libro Igualdad de género, editado por el Centro de estudios de Derecho Contemporáneo y de Consultoría Integral, (CDC), 2017.  Tercer lugar a nivel estatal en el concurso de oratoria de Toastmasters International en CDMX, 2014.  Primer lugar en el concurso de poesía en lengua inglesa por la Universidad de las Américas de la Ciudad de México, 2013.

Poesía mexicana actual: Natalia Gómez

EN CASI TODAS LAS PELÍCULAS DE ACCIÓN
hay edificios que se destruyen
también autos
esas calles
a las que les explota el pavimento
con aceras llenas de árboles
personas
flores
¿Qué verdad se oculta en todo ello?
¿Cuánta violencia debe ser necesaria para un gran final?
Las familias
la reconstrucción
los heridos de gravedad
los ilesos trastornados
toda esa serie y brutal caos
que dejan a la ciudad endeudada
y sin trabajo
ni inmuebles
¿Quién se responsabiliza?
¿Dónde quedan los protagonistas para hacerle frente?
¿Dónde los senadores y toda aquella gente que debe resguardar la metrópoli?
La realidad también es una película de acción
con personas que lo pierden todo
países con intereses
abren fuego
preparan guerras
a veces con armas
otras con ideas
nos convierten en héroes y villanos
En los créditos no hay finales justos
tampoco en la vida diaria
y nos miramos los unos a los otros
desde nuestro propio cine en casa.


ESCUCHO A MIS PADRES HABLAR CON SUS PROPIAS LENGUAS

mirarse y admirar su propio dialecto
analizar y aprender la lengua del otro
Alguien menciona una frase
y hay un silencio
mientras se toman de las manos
ambos entienden esa cuarta lengua
que no es la nativa
ni aquella que usan en la ciudad
Es la lengua con que dieron descendencia
las que extendieron fuera de sus raíces
la lengua con la que ahora entiendo
que un idioma no sólo nace del corazón de un pueblo



A LAS DOS DE LA MAÑANA
un hombre espera
que cambie el semáforo para cruzar

Al extremo
una mujer se sostiene
reclinada en alguna pared de la avenida

El semáforo está en rojo

Un coche se acerca
tres sujetos bajan armados
bruscos la levantan
y avientan al auto.

El semáforo está en rojo

El hombre que espera
no sabe que ella desconoce
que su cuerpo será arrojado
en una bolsa negra
rumbo a otra ciudad

La luz ya es verde


Natalia Gómez (Campeche, 1991)
Comunicóloga y profesora. Ha sido beneficiaria del programa PECDA 2020 en Campeche y del Festival Interfaz ISSSTE Yucatán en 2017. Egresada del II Diplomado Virtual de Creación Literaria del INBAL. Ha participado en algunas antologías como Fractal, Anuario bilingüe de Poesía de San Diego y Novísimas, reunión de poetas mexicanas Vol. II
Algunos de sus textos se encuentran en revistas electrónicas como Letralia, Círculo de Poesía, Carátula, Con la A, Ablucionistas, Santa Rabia Magazine,The Ofim Press Magazine y Beltway Poetry. Actualmente es miembro del Proyecto de Escuela de Escritores Campechanos (ESCESCAM) y del consejo editorial de Cracken Fanzine.

Poesía mexicana actual: Francisco Trejo

Vivo en la ciudad que fue líquido en su génesis: espejo con monstruos
hipnotizados ―como los enfermos de ojos amarillos que acostumbran dormir con
las cortinas abiertas, por si acaso sueñan con los astros y, al despertar de súbito,
presencian su esquirloso escape de huesos y de luces―. Soy el que escribe la
vida y sus ruidos a bordo de un camión que cruza la urbe, de norte a sur en su
desierto. Otear es mi forma de reconvenirme, mientras las cosas del mundo
transcurren por una ventanilla. Busco otros motivos y sirenas, otros lagos para
soltar los peces de mi voz, como cardumen de sangre, desde los órganos heridos.


Aquella vez, después de darme un beso, mi madre me dejó un surco en el rostro.
Luego la ingresaron al hospital en una camilla. Vi su cuerpo a lo lejos, pálido de
voz, y parecía una escultura en porcelana a punto de quebrarse. Su enfermedad
pintó de ocre mi mejilla, como el sol pinta las nubes del ocaso. He tratado de
arrancar su beso de mi carne, pero no hay filo en la zarpa del poema.


Mi corazón se redujo al espinazo de un pez. Escucho sus ruidos y siento la
punción de sus astillas. Piensa que soy agua, pero soy casi costra en esta
soledad. Que aguarde, le digo, porque ha de llover mañana —cuando exista razón
para llevar una imagen diferente a la poesía—.


Hoy encendí, desde muy temprano, el cigarrillo oculto en el cajón de mis nervios.
No recuerdo haber soñado durante la noche. Después de la ducha, volví a estar
seco de la piel y del sonido. Ahora sigo, aridozo, la misma ruta de siempre. Me
sostengo de esta voz quebrada para no caer de rodillas ―por no decir «quedarme
sin cuerpo»― y limpio el cristal empañado para ver mejor las cosas. Si pudiera
soñar, seguro sería, otra vez, la escena donde me corto la mano con los vidrios de
un vaso, mientras intento borrar de su fondo la mancha de la muerte.


¿En dónde está, por qué calles pudo perderse el amor de mi criatura? No todos
los cuerpos que se ausentan están muertos. Hay corazones que laten y esperan la
luz entre el agua y los juncos, como el que espera un rostro conocido para
saberse de nuevo carne viva.

Fragmentos de Esdrújulo monstruo, animal de lágrima en sus ojos amarillos
(Editorial Praxis, 2022)


Francisco Trejo (Ciudad de México, 1987). Poeta, ensayista, investigador y editor. Entre otros reconocimientos, obtuvo el VIII Premio Nacional de Poesía Ignacio Manuel Altamirano 2012, el XIII Premio Internacional Bonaventuriano de Poesía 2017, el VI Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero 2019 y el XIV Premio de Poesía Editorial Praxis 2021. Algunos de sus libros publicados son: Penélope frente al reloj (2019/2021), De cómo las aves pronuncian su dalia frente al cardo (2018/2021), Canción de la tijera en el ovillo (2017/2020) y El tábano canta en los hoteles (2015).

Poesía y patrias: Carlos Calero

Sobre la cabeza de un perro

Tu memoria respira olores sagrados, grises, turbulentos; olores insatisfechos por el
derribo donde anidan palomas hojalateras, palomas vende ropa y helados. En los techos
viven reptiles sastres que visten corbatas y gabanes. Los insectos observan la infidelidad
de las amapolas. La casa de tu memoria amanece, no cambia de ropa, de penumbra ni
los sueños; no se peina con un espejo; no se lava el rostro ni usa collares de ballenas en
su cuello; no limpia telarañas ni exhala vapor de arroyos. La vida es atrapada por el
misterio, entre jardines y respaldos de las sillas, para que la casa espere a los viajeros,
cuando no ven más que un horizonte sobre la cabeza de un perro.

Ecología

No jugamos las cartas ni dados frente al manto de la muerte. Anunciamos el sepulcro.
¿Y la ardilla, el perezoso, las larvas, las crías de águilas vírgenes? En el bosque existen
tumbas culpables. El canto migra a los pájaros para que retornen. Nos bajan y quitan los
clavos. Trasladan muerte a las arboledas. Sabemos que ninguno pondrá sus talones en el
paraíso sin perder la honra ni la memoria sagrada de la selva.

¿Ahora qué falta?

No hablemos de ruinas. Echa bulbos el tiempo, acumula frío el recuerdo entre senderos
de piedras, árboles y sombras que reniegan del espejismo. No existe otro camino. La
infancia soy yo. Veo entrar a la muerte, con luciérnagas y aldeas de tierra. Un
camposanto en Masaya es el destino. Mi voz habla de tripulaciones que caen de los
ataúdes. Y entonces pregunto: ¿Ahora qué falta?

Victoria

No he descifrado la sandalia de tus sueños.
Decilo con el corazón sobre la tierra o la sangre de los santos mendigos.
Esta verdad, como una manta, cubre mis ojos.
Quiero escarbar las grietas que crujen.
Tus ojos solo ven ruinas de estatuas, no encuentran a los amantes.
Que no me nieguen tu sacrificio feroz por los muertos
ni la virtud esencial de los inocentes.
El silencio te hace fuerte.
Que se levante el amor con su canto y el océano.
Pretendo una canción de tribu y nieve en las montañas.
No sé si confiar en la soledad, las caravanas o éxodos, o los sepulcros
y conquistas de quien muere si ama.
Desconozco el instante de tu gloria.
Hubo un idioma, hubo profecía en el arbusto con llamas
y la hojarasca del risco sagrado.
Las palabras son mi destino.
Huye, muerte, lejos de nuestros hijos,
no intentes invadir sus sueños.


Nicaragua, 1953. Se naturaliza costarricense. Fue docente en secundaria y la universidad. Gestor cultural. Ha publicado en poesía: El humano oficio, La costumbre del reflejo, Paradojas de la mandíbula, Arquitecturas de la sospecha, Cornisas del asombro, Geometrías del cangrejo y otros poemas, Las cartas sobre la mesa. Antología Generación de los Ochenta. Poesía Nicaragüense. Ganó la convocatoria del Centro Nicaragüense de escritores con su libro El humano oficio. Mención de honor en el Concurso de Poesía Leonel Rugama. Una plaquete Muerden Estrellas. En el 2021 publica Hielo en el horizonte, con la Editorial El Ángel Editor. Ha sido publicado en revistas como Carátula, Altazor, Nueva York Poetry Review, Círculo de Poesía, El Hilo Azul, Andrómeda, Isla Negra y otras. Ha sido invitado a múltiples festivales de poesía en Centroamérica; Primavera Poética de Perú, Bogotá y Paralelo Cero, Ecuador.

Poesía mexicana actual: América Femat Viveros

ESTACIONES

Negación el nombrar: Yo tuve un amado sextante.
Era mi pulmón izquierdo, mi brazo derecho,
mi viento de capa y telón; mi arteria anónima.
Fue el inamovible sombrero de mi mundo.
La vela ondeante, carne de estrella a destiempo y a mitad del viaje:
Sextante Marino, lágrimas de ámbar y número de oro.
En esta gravidez de alas y caracolas,
ni una sola de sus aves anida en mi ovario;
no hubo estación para el descanso.
no desovó la tortuga en esta playa, algo alteró el ciclo.
¿Y a mí?, a mí no me basta con una (sola–sola) estación.

CAS/ZA

Delira sobre la costa,
alas heridas;
se pierden entre la selva,
ave intrusa.
—Acechada luz en los ojos del felino—.

SALTO AL SUEÑO

I

El sonido comprende del silencio,
el lenguaje de las piedras que duermen.
El fondo sueña, mece su eco de anémona entraña,
teñido de su corona blanca

emula su sonido en la caracola.

Voz y augurio, hunde los signos de la costa

golpea honda, batiente; clarea el disco del horizonte.

Has de ser auspicio, pez de filamentos; presientes las señales de auxilio.
El mar te llama.

II

Pescador,
este océano de sal multiplicada me cubre.
Yo ante la ola baja de mis branquias
embestida de la máscara del pez o el ave.

Me enciendo de asfixia —¡brindemos!— estoy de pie
ante el pez sacrificado y a punto de saltar
hacia un arpón celeste
ya preparado.

PRECIPITACIONES

I
Ninguna tormenta arrastró el secreto de mis aguas
ni la inmensidad trazada me hizo olvidar
la ruta de los naufragios.
Hallado el mapa —continente de emociones—
mi ola vencida murmuraba:

vertidas, todavía en mi cuerpo están:

las ruinas de esta sed.

¿Escuchas el brillo?
Mi onda moribunda, desmembrada a la deriva
murmuraba:
da vuelta al mar o devuelta al mar.

II

Te hiciste a la orfandad de la ceniza,
a la estrella que entre las manos de un cielo escurre.

Comprensible (hombre pequeño)
ataste ficciones a una mar traspasada y dócil.
Te hiciste rey sin corona. Nada pudiste hallar o conocer.
Sólo aullidos de tren enfilaron el futuro, a todo vapor.

Espiraciones: mareas de enjambres; espiral del ruido
Lo sé, divinizaste la traición;
me obligaste, Exilio, a un silencio de caracola.


América Femat Viveros. México, 1984. Poeta y editora mexicana. Fundadora del proyecto Cipselas editorial. Beneficiaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo, (PECDA, 2017). Finalista en “Jardín de Figuras Abiertas II” de Bitácora de Vuelo Ediciones. Obra suya ha sido leída dentro del marco, Día de las Escritoras, en la Biblioteca Nacional de México. Integrante de la Mesa Directiva de la Academia Nacional de Poesía de Hidalgo. Obra suya forma parte de diversos medios digitales e impresos. Autora de Inexorable (Ablucionistas), Muestra poética América Femat (Biblioteca virtual, Chile), Atisbo (Letras de barro), Irrupción (Cipselas), La estación del agua (Congreso del Estado de Hidalgo), Los designios del agua (Big Bang Ediciones).

Poesía hondureña actual: Armando Maldonado

OFICIO IMPOSIBLE

Mi corazón es el nido que espera a los alcatraces que habitan en las ruinas luminosas de un mundo  que solo ha sido habitado por las fábulas. Amar es un oficio difícil, más cuando se ha nacido tarde  para cumplir la misión para la que has nacido. No hablaremos de los pliegos vacíos que han  depositado mis venas en el puerto en llamas de esta ciudad, que atardece esperando el galeón triste de la noche y sus tripulantes de espectros y fornicación.

Mi corazón, blando como una mano que se niega a matar, solo conoce las notas de la música que sirve para dormir la marea de los ahogados. Amar es un oficio relativamente fácil si has nacido con el pecho inflamado en la penosa asfixia del asma. Ahora todo es tranquilo en el barrio en el que nací.

Mi corazón es una roca que se desmorona en cada latido de la montaña. Amar es un oficio imposible bajo el sol de nuestros días.

BAILANDO SOBRE LA MUERTE

Y allí está, el fantasma de Mao Zedong bailando, vestido de arlequín mientras cambia la bombilla que alumbra la puerta de la casa donde nació. Una mujer vestida de rojo le entrega un libro, Mao Zedong no para su baile frenético. Un camino de piedras coloradas le llama, Mao Zedong baila, trina una flauta en llamas invitando a los vagabundos a lavar sus harapos en las aguas de su río. El fantasma de Mao Zedong es delgado y viste una chaqueta gris, después de eso no tiene datos relevantes más que un par de monedas con rostros de gente igual de muerta que él en sus bolsillos y campanas que anuncian la formación de tropas en todas las plazas del mundo libre. El fantasma de Mao Zedong baila y sus zapatillas blandas han tomado el fuego de un arcabuz ronco, tenor que desgarra silencios en su garganta. Se ha extraviado su boina gris, las bancas de la plaza no dan referencia. Y allí está, el fantasma de Mao Zedong, bailando sobre la muerte, solo bailando.

DAMICLES ERRANTE

El que ha dejado su casa para hacer suyo algún pastizal seco en otra parte ha creído en la profecía de las estufas apagadas. El que en su huida no ha dejado nada más que un cuadro de la Virgen colgado en pared y un par de calcetines en los tendederos que no llegaron a secarse antes del alba. El que contra todo pronóstico salió de su hogar como un ladrón, tomando niños y zapatos al azar. El que aun sabiendo que imaginando el olor de otros campos no encontrará el jardín para el descanso. Ese que huye de lo suyo y abandona los sueños forjados en el vientre de las pesadillas. Ese que cruza ciudades, desiertos y vías de trenes moribundos, ese que un día huyó de los rezos, huyó del pinar, huyó de la bala incandescente, del sortilegio enmarañado que tejían las bestias. Ese que no tiene más destino que lo incierto. Ese Damocles errante, triste, lloroso y despreciado, al que los temas virginales de las fronteras son una espada sobre su cabeza sostenida por el soplido imaginario y tardío de burócratas y tenderos de monedas.

DILUVIO

Un diluvio ha inundado las gargantas de mi gente. Es la hora en que las bestias de la seda engullen la época, el tiempo es un Chardonay más puro que el Jordán del año 30. Los moradores del pie de la montaña trajeron noticias del aguacero cuando todavía era un charco descalzo que saltaba ríos y comía los frutos de la rivera la mañana de los domingos. Nadie creía por aquellos días que la vorágine sería erguida como un mar de pie, inmóvil, donde los hombres tristes y mujeres huérfanas de caricias chocarían en sus ansias de pan y luz. Los moradores del pie de la montaña advirtieron estos días. Su profecía turbia inundó nuestras voces. Henos aquí,

ahogados.

Armando Maldonado

Nació en Tegucigalpa, Honduras en 1983. Es Poeta, editor y gestor cultural. Fue fundador del Grupo literario Máscara Suelta. Fue miembro del Colectivo de Poetas PaísPoesible y del Taller de Poesía Edilberto Cardona Bulnes. Director de Ediciones MALPASO. Ha dirigido y colaborado en la creación de espacios culturales y literarios por más de 15 años.

Ha publicado: Caligrafía de la sed en 2021, Ciudad que no canta en 2021, Misa de los suicidas en 2019, Coloquio de la tempestad en 2019, Un poema que hable del mar en 2016 y Así tu cuerpo en 2013.

Poesía fronteriza: Masiel M. Corona Santos

                                                         Gestión por María Macaya

LA ESTRELLA COYOTE

Un millón de ventanas se abren
escalamos la culebra
su cúspide llega al centro
el cordón de cada llave
       engancha una campana;
            en su vientre
                 nos hundimos.
Dividiéndose las puertas
            el viaje:
nuestros dedos esparcidos por el suelo
     tocan el agua sobre un cachorro lienzo.
     Lenguas sagaces
     cortan el cabello de las hienas
     birretes imprimen anillos; en los brazos
            lunares.
La mirada somete al cauce sin orillas
en ojos cerrados
      la luz no resplandece.



LA SACERDOTISA

Entre el corazón y los ojos
estamos
     dentro del cuello
        luna
             agua
                 viento invertido.

El día se agita
la oscuridad su destino cede
desnudos
      enraizamos las corrientes
            barajamos las preguntas.



LUNA DE FUEGO

Su garganta serpentea voces
exhuma a los muertos
     divide.
Su lengua
      como serpiente
desciende por el ombligo
      golpea la tierra
se vuelve raíz.
Sus ojos invocan el fuego.
Ella dibuja círculos en las hojas
un remolino devora cuerpos
damos vueltas en él
soltamos nuestros miedos
       estamos dentro.
En la boca hay hormigas
atraviesan nuestros labios
sentimos su poder.
Cuando nos escupen debajo
nos cortan las alas
nos volvemos bestias.




El PARAJE

Entre la lengua y las manos
gira la rueda
       donde se unen
                  las palabras
tejidas con aire
            voces
       parpadean sin hundirse.

Habitar el lado secreto
     domina a la serpiente
                detiene los ríos
         altera el curso de la luna.

Seres de fuerza
           cambian el tiempo
      guían
             los sueños
en la tierra del fuego
             y la memoria.
*Ilustración por Sergio Sánchez Santamaría

Masiel M. Corona Santos M.A. en Literatura Hispánica, Lingüística y Civilización (California State University of San Bernardio). Se certificó en la enseñanza del idioma inglés (California State University of Fullerton). Lic. en Literatura Hispánica y Cultura, Especialidad en Estudios Chicanos/ Latinos (University of California Irvine). Es autora del poemario Cantos Revolucionarios (Editorial Letras Huastecas, Nuevo León, México) y fundadora, editora de Revista Raíces.
Colabora como editora de Revista Quimera (Costa Rica). Ha publicado en diferentes espacios impresos y digitales como Literary Journal Voices (CSUSB 2019, 2020), Punto de Partida, UNAM, Periódico Poético, UNAM (México), Nueva York Poetry Review, El Beisman (Chicago), La Ninfa Eco (Reino Unido), Pruka (Venezuela), Alma América (España), Somosenescrito (California), entre otros. Sus poemas también aparecen en varias antologías.

Poesía costarricense actual: Armando Calvo

La casa del Generalísimo



«Os juro por lo que fui
Que me iría de aquí
Pero los muertos están en cautiverio
Y no nos dejan salir del cementerio.»

Joan Manuel Serrat – Pueblo blanco


Para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.

Miguel De Unamuno- Oración del ateo

La grisácea amenaza, crece a paso de sol y luna

Se extiende cual maléfica enredadera que de un muro se apodera y lo vuelve todo hiedra retoñando espantos.

Las raíces extendiéndose aprisionan pequeñas manos que pasan cuentas de rosario

Que en temblores puede apenas una voz terminar un dios te salve.

Un padre nuestro ¿ qué estás dónde?

Padre, Al cual se le implora que retoñen piernas de dónde hay muñones.

Al cual se le ruegan alas puesto que solo hay vacío de paso y libertad.

En Torrelodones o en el Pardo, se extiende cual maléfica marea la avaricia del hombre, de nuestros viejos se apoderan y los vuelven a todos mármol.

El óxido se hace uno con la carne y lo desgastado de las llantas de una silla de ruedas.

La televisión les da una voz que habla sin calor ni cena

Mientras se coleccionan úlceras de sofá a como fue una vez estampas y coloridos pajarillos en una subasta furtiva.

Las últimas voces de la guerra, se ahogan en flema , en tos percuten un reclamo al espacio que dejó la nada.

Y ese eco no lo contesta nadie…

Solo una abeja pútrida les sobrevuela, dando a traición un aguijón ardiente o cápsulas de sueño
e hiel.

Con su boca seca de yute ajado dan un beso y una bendición, una mano con Parkinson nos persigna y nos retoña una flor de muerto…

Que se enraíza en este poema y en esta casa

Donde la vida por los ventanucos se precipita

Es esta casa, en la cual solo permanece viva la muerte.

Y mañana, ¿es navidad?

No quiero a hablar de los huecos de las calles, sino de sus vacíos.

Los que pasan por las aceras con pesos de cartón las espaldas, con ojo muerto, manos callosas que no encuentran la proximidad de otra palma.

No quiero hablar de los pilares ni de lo que sostienen, sino de las espaldas rotas que se abren contra la tela y el alquitrán del suelo.

Los espectros de trapos manchados y alambrina en el rostro a los que nadie les ha contado que en ellos cabria un dios.

Mañana es Navidad para los que pueden recibir a un niño de cerámica, cuando en el centro de una mujer sin hogar duerme el Emmanuel.

A como habita en todos, por en el hoy mas en él que en cualquiera de nosotros.

Porque mañana es navidad y su madre aún no encuentra una posada dónde nazca el niño.

Los portales siempre me han aterrado, el cobijo del niño Dios de cerámica pudo ser el de un niño de carne que duerme hoy en alguna caja.

Niña de papel y tiza (Susanita)

Susanita intenta despertar a su madre para que la lleve a la escuela.

En sacudidas balbucea un regaño con voz de ginebra y tabaco, un «no» innecesariamente largo. Tres kilómetros de sol y acera

Una lonchera percudida de princesas

Y un moño echo con una la liga que le quitó al cilantro

¿Pequeñita cuando te pariste?

¿Quién te peina el cabello?

¿Quién te saca las liendres?

Niña de papel y tiza, entre risas sale al recreo

Se arrecuesta a un poste poniendo sus manos en la cara.

Acumulando números para que sus amigas se vayan a esconder.

«98,99,100 no se vale perrito guardián»

De sus amigas escondidas muchas no aparecieron

Y a veces ella se recuerda buscándolas en el pabellón.

Ahora sale del colegio, décimo año

Le recoge todos los días en la salida un auto

Alguien que es menos que hombre y no es su padre la aguarda

Una sweater colombiana

Un cabello largo olor a reciente keratina

¿Pequeña cuando te tomaron?

¿Qué Judas te vendió por 30 monedas?

¿Qué manos pasan hoy por tus rodillas?

Mujer de labial y falda, entre taconazos sale a las luces.

Se arrecuesta en un poste sin poner las manos en la cara.

Calculando números para terminar su turno.

Nadie sabe qué pasó con Susanita

Pero todos saben dónde encontrar a Susy.

Nimrod

Los multimillonarios han hecho una escalera de cadáveres hasta llegar al espacio, y el dinero compra el derecho a una torre de Babel.

Armando Calvo (1996) Hatillo, San José, Costa Rica. Estudiante de psicología, poeta emergente introducido al mundo de las letras por accidente y tradición familiar de escritores y poetas. Concentra su obra en temáticas de desamor, existencialismo, mística, su crianza en un barrio marginal y critica social; Es subdirector del «Escenario Poético Viento De Cristal» y miembro de la editorial «Astillero«. Trabaja actualmente en su primer poemario «Muy viejo para morir joven» el cual aún no tiene fecha definida.

Poesía costarricense actual: Nathalie Crum

                                                         Gestión por María Macaya 

Poemas del libro CeEmeYeKa
(2019,Amargord Ediciones)

PEQUEÑO ESPACIO VACÍO

El tigre da vueltas en una jaula (barrotes, soldadura, concreto). Está sordo y solo puede pintar. entonces se rebana una oreja. Cuando se mueve desesperado, sus cadenas se escuchan con el crujido metálico de lo indestructible. ¿Quién le dijo al tigre que sus rayas no eran manchas? El tigre quisiera ser un felino de rango sencillo, quizá un ocelote, pero un animal tan poderoso no puede ser otra cosa que sí mismo y cargar con el peso de su grandeza. La cuestión no es ser una fiera que asusta, la cuestión es ser carnívoro, un monstruo comecarne en 2.5 metros  cuadrados. El amor, ¿qué era, si no clavar los dientes en el lomo, diseccionar partes de sí, darlos en ofrenda? Correr en línea recta no tiene el mismo efecto que recorrer campos abiertos y con grama. Sabanas y sabanas para la dominancia del paso, extensiones de tierra hasta donde la vista llega. todo para el tigre. Tanta ausencia para simular su ausencia, millas náuticas de soledades para quizás completarse. Así que el tigre escribe, pero las palabras son ininteligibles. entonces él pinta, se pinta con tinta a falta de lienzos, pero ya no parece un tigre, sino una pantera. Tan hermoso como antes, sigue desesperado en una jaula, en el espacio reducido de su mentira. Tiembla porque su rugido, es estruendoso y destruye, el último domador perdió la llave cuando perdió su brazo de un mordisco. El tigre piensa en el tiburón y quiere abrazarlo. pero él está aquí, en la sequía, mientras el tiburón habita entre sus lágrimas. La pantera ya no es más el tigre, tiene miedo de abrir la puerta de la prisión. Ella sabe que debe comer: inicia por su cola, sube por las extremidades inferiores, el lomo y la barriga llena, los brazos, el cuello, la cabeza. La última oreja que le queda.

Cadena y jaula devuelven el eco del viento.

¿A dónde se ha ido?





ESCENA JAPONESA

Alguien llega al santuario, lo dejo entrar. pido que se quite los zapatos, se arrodilla en el suelo. ejecuto la ceremonia del té, nos escrutamos hasta que el día se hace noche. Lo dejo quedarse en el planetario del jardín, allí pasta con los dragones. me alejo para escuchar el rumor de la fuente. Volteo: se ha ido. limpio las huellas del piso. cierro la puerta. Las constelaciones siguen en el firmamento.




                                                      Al pueblo Bribri en Salitre

LA AMETRALLADORA
se trabó en el cuarto disparo.

En mis uñas se mezcló el epitelio con la carne.

Corté el hilo rojo de mi dedo
y el hilo rojo siguió el camino
hasta el escombro.

Sobrealimenté la esperanza.
Deseaba un mensaje en alas de paloma.

Seguí la tristeza con la vista,
con el oído atento a lo callado:
soplé el diente de león, su cabezuela,
y la espora cuando cayó no bebió agua.

A veces la humanidad me hace llorar a chorros,
por mis ojos
van lágrimas sin hallar un acierto.

Me rasqué las piernas hasta ver mis tendones,
pero yo no sabía correr.

La ternura se empañaba entre los gritos
de las casas quemadas.

Preferí ser lobo y desgarrar
el plumaje blanco de los cisnes.

Coloqué mi cuerpo a manera de muralla.
¡Si nos cortasen las manos
con los dientes anudaríamos atrapasueños!

Machetazos sobre las espaldas.

La tierra rezó su mortal canto, sobre los invasores lloverán
las mil plagas.

Tanto hemos visto pasar la tristeza, tanto.





Nathalie Crum (1987). Aserrí, San José, Costa Rica. Ingeniera biotecnóloga y gestora de proyectos. Ha participado del XV Festival Internacional de Poesía de Costa Rica (2016) y del Festival de Poesía de Aguacatán (2017). Es coeditora de elrepertorio.org, plataforma web para la difusión de las artes literarias latinoamericanas desde 2016. En 2019 Amargord Ediciones Centroamérica publica su primer libro CeEmeYeKa, una oda al color y la complejidad humana. En 2020 es seleccionada como una de las representantes de los poetas para la muestra de Nueva Poesía Costarricense; Antología de poesía joven. Trabaja en su segundo poemario que verá la luz en 2022.