Poesía y patrias: Carlos Calero

Sobre la cabeza de un perro

Tu memoria respira olores sagrados, grises, turbulentos; olores insatisfechos por el
derribo donde anidan palomas hojalateras, palomas vende ropa y helados. En los techos
viven reptiles sastres que visten corbatas y gabanes. Los insectos observan la infidelidad
de las amapolas. La casa de tu memoria amanece, no cambia de ropa, de penumbra ni
los sueños; no se peina con un espejo; no se lava el rostro ni usa collares de ballenas en
su cuello; no limpia telarañas ni exhala vapor de arroyos. La vida es atrapada por el
misterio, entre jardines y respaldos de las sillas, para que la casa espere a los viajeros,
cuando no ven más que un horizonte sobre la cabeza de un perro.

Ecología

No jugamos las cartas ni dados frente al manto de la muerte. Anunciamos el sepulcro.
¿Y la ardilla, el perezoso, las larvas, las crías de águilas vírgenes? En el bosque existen
tumbas culpables. El canto migra a los pájaros para que retornen. Nos bajan y quitan los
clavos. Trasladan muerte a las arboledas. Sabemos que ninguno pondrá sus talones en el
paraíso sin perder la honra ni la memoria sagrada de la selva.

¿Ahora qué falta?

No hablemos de ruinas. Echa bulbos el tiempo, acumula frío el recuerdo entre senderos
de piedras, árboles y sombras que reniegan del espejismo. No existe otro camino. La
infancia soy yo. Veo entrar a la muerte, con luciérnagas y aldeas de tierra. Un
camposanto en Masaya es el destino. Mi voz habla de tripulaciones que caen de los
ataúdes. Y entonces pregunto: ¿Ahora qué falta?

Victoria

No he descifrado la sandalia de tus sueños.
Decilo con el corazón sobre la tierra o la sangre de los santos mendigos.
Esta verdad, como una manta, cubre mis ojos.
Quiero escarbar las grietas que crujen.
Tus ojos solo ven ruinas de estatuas, no encuentran a los amantes.
Que no me nieguen tu sacrificio feroz por los muertos
ni la virtud esencial de los inocentes.
El silencio te hace fuerte.
Que se levante el amor con su canto y el océano.
Pretendo una canción de tribu y nieve en las montañas.
No sé si confiar en la soledad, las caravanas o éxodos, o los sepulcros
y conquistas de quien muere si ama.
Desconozco el instante de tu gloria.
Hubo un idioma, hubo profecía en el arbusto con llamas
y la hojarasca del risco sagrado.
Las palabras son mi destino.
Huye, muerte, lejos de nuestros hijos,
no intentes invadir sus sueños.


Nicaragua, 1953. Se naturaliza costarricense. Fue docente en secundaria y la universidad. Gestor cultural. Ha publicado en poesía: El humano oficio, La costumbre del reflejo, Paradojas de la mandíbula, Arquitecturas de la sospecha, Cornisas del asombro, Geometrías del cangrejo y otros poemas, Las cartas sobre la mesa. Antología Generación de los Ochenta. Poesía Nicaragüense. Ganó la convocatoria del Centro Nicaragüense de escritores con su libro El humano oficio. Mención de honor en el Concurso de Poesía Leonel Rugama. Una plaquete Muerden Estrellas. En el 2021 publica Hielo en el horizonte, con la Editorial El Ángel Editor. Ha sido publicado en revistas como Carátula, Altazor, Nueva York Poetry Review, Círculo de Poesía, El Hilo Azul, Andrómeda, Isla Negra y otras. Ha sido invitado a múltiples festivales de poesía en Centroamérica; Primavera Poética de Perú, Bogotá y Paralelo Cero, Ecuador.

Poesía mexicana actual: Margarito Cuellar

TIERRA NATAL (1)


El cajero automático sonríe
mientras arroja billetes de baja denominación.
¿Y el menú de este restaurante de paso como nosotros?
Los pasajeros alimentan a Gula y a Pereza
o bajan a estirar las piernas.
Una mujer se transparenta a bocanadas de humo
y envejece al instante. Toda la vida ha estado ahí.

El horizonte engulle al autobús.
Un aluvión borra casas   sombras   jardines de las grietas.
Los parques olvidan al héroe que los deja.

Nací acá, mas los lobos aúllan
como si nunca nos hubiéramos visto.


TIERRA NATAL (2)

Sacudan mi memoria: hallarán frutos secos
siluetas que tropiezan con fantasmas
y calles sin regreso.

No siento mío este remedo de árboles
ni la plancha de tierra que se abre si la pisas.
¿De quién este paisaje de víboras descalzas
mapas en blanco   región sin para cuándo?

Los héroes trovan hazañas

a una audiencia de jubilados en harapos
que cabecean al son de las palomas.

¿Quién reconoce como propio un círculo de auras?
Yo no. Y sólo voy de paso.



CUERVOS

Vuelan en círculos
y con graznidos sellan
su pacto con la noche.
Al descender comprueban
que la carroña sigue
en el baldío de la existencia.

Sus largas patas descienden
y libres ya de toda cautela
hacen de los despojos su pira funeraria.

El cuervo sanea el aire
y pasa de la escala más baja
a la cumbre de la belleza.

                              (De En el hotel de la vida todos somos extranjeros,
                                                Laberinto/ Conarte, México, 2021)




LUNA ABRIÉNDOSE CAMINO EN LA ZARZA DE NIEBLA

Se ascienda o se descienda
se vaya al sur o a otro planeta

los caminos conducen a la diosa.
Luna Abriéndose Paso en la Zarza de Niebla
Barco sin Capitán
Asteroides Bajo el Arco Perfecto de su Espalda.

Mas hay caminos a lo alto de una escalera
y la única señal que distingue
desde ese punto el náufrago
       un resplandor de estrella
       que flota con la idea
       de integrarse a la vida.

                                                             Noviembre 10 de 2014


ARMA BLANCA

A veces cuando el frío es muy intenso
y no hay calefacción que aliente
me acuerdo del cuchillo que dejaste
clavado en algún sitio
entre el olvido y la esperanza
de que un día volvieras a sanar las heridas.
O a enterrarlo más hondo. Da igual
el que un día te cantó
ha muerto varias veces de distintas maneras.

Así como la hoja me habla de ti   siempre
pero más animosa en los inviernos


antes que tú hubo balas
y autos que atropellaron mis heridas.

Ninguna de estas muertes importa
sólo el filero   tuyo como un pacto de acero
me recuerda:
      El amor no es en la vida cualquier cosa.

Y todavía hechas limón a las heridas
para que no se olvide nuestra prenda de amor
¡oh   asesina hermosa!

                                                                 Junio 22 de 2017
                                                                       (Inéditos)

Margarito Cuéllar. Poeta mexicano originario de San Luis Potosí, México. Radica en Monterrey, Nuevo León. Libros recientes: En el hotel de la vida todos somos extranjeros (Laberinto/Conarte, México, 2021); Heridas luminosas que se quiebran (Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2021); Nadie, salvo el mundo (Moguer, Huelva, España, 2020). Con el libro Teoría de la belleza (Instituto Sinaloense de Cultura, 2018) obtuvo el Premio Hispanoamericano de Poesía Festival de la Lira 2019 organizado por el Banco del Austro de Cuenca, Ecuador. Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez 2020 convocado por la Diputación de Huelva. Con Ensayo sobre la belleza y el desorden de las cosas obtuvo en 2021 el Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador (Salamanca, España). En diciembre del 2020 obtuvo el Premio Internacional de Poesía Golden Magnolia de Shanghái.

Poesía costarricense actual: Vilma Vargas Robles

       Cinco poemas de CUARTO CRECIENTE POESÍA REUNIDA (Guayaba Ediciones, 2019)



Las palabras

Las palabras no son de este mundo,
sino cuando caen a tierra
semejantes a frutos o demonios.
Vivir ha sido convocarlas.
Tengo una sola almohada,
un sólo respaldar,
pero cuido mi vaso,
mi risa;
en la espesura de las hierbas inclino mi cabeza.

Y también he llorado,
pequeña,
mal agarrada a la vida.

Mirad:
la belleza de un oficio me ha encorvado.




Maldición

El día, arco torpe, te ciñe.
Como una última paloma que se salva miras la soledad,
el surco de la luna donde ya no hay nadie.
Se aviva la cicatriz de los muros helados.
¿Dónde están las cosas que pugnaban por
formarse,
saltando ardientes?
Árbol segado es tu memoria.
Te has muerto varias veces:
si resucitas te volverás a morir.




Foco suspenso

Por primera vez un poco de calma.
No importa que esté aquí el insomnio
perseverando como un asunto de señoras
o como el sol que jamás se impacienta.
Oscuro es el ámbito del que creyó:
vuelve con sus seres crepitando.
Por primera vez un poco de calma.
Descubre esos rostros,
explora esos brazos,
círculo estrecho entre luna y tierra
que la mañana apaga.
Vuelve el insomnio:
voz que lee la noche



Me preguntas

Me preguntas cómo estoy
aún no he escrito el libro
tampoco ha crecido el árbol
no hay una noche ni día completos
más bien recorro
con una lagartija
a cierta hora las paredes
y llego a donde el mar dejó de ser una isla
hasta extender allí mi oscura inocencia.




Dolo

Debo encender la luz
y que inunde el verde rata.
Debo comer y no ser un garabato.
En mi bandeja, la maldad
deja caer su flor de plástico.
Debo quemar la flor,
comerme el incendio,
echarme a dormir aun sobre ceniza.

                                                         Selección: Byron Ramírez

Vilma Vargas Robles (Costa Rica, 1961) Realizó estudios de sociología, derecho, y literatura en la Universidad de Costa Rica. Ha publicado los libros: El fuego y la siesta (1983), Premio centroamericano Juan Ramón Molina del Ministerio de Cultura de Honduras; El ojo de la cerradura (1993), Editorial de la Universidad de Costa Rica con prólogo de Jorge Boccanera; Oro de la vida (1996) Editorial Macondo, prólogo de Isaac Felipe Azofeifa; El fuego y la siesta (2004) Editorial Costa Rica, prólogo de Yadira Calvo y José María Zonta. Quizá el mañana (2007) Editorial de la Universidad de Costa Rica. Letra espina (2016) Editorial Arboleda y Cuarto Creciente. Poesía reunida (2019) Guayaba Ediciones. Su obra ha sido publicada en las siguientes antologías: Voces indómitas o las poetas en Costa Rica, selección, prólogo y notas de Sonia Marta Mora 162 y Flora Ovares, Editorial Mujeres, Costa Rica, 1994. Sostener la palabra, Antología de poesía costarricense contemporánea, compilador Adriano Corrales Arias, Instituto Tecnológico de Costa Rica, Lunada poética, Poesía costarricense actual, compilador Armando Rodríguez Ballesteros, Ediciones Andrómeda, Costa Rica, 2006. Es cofundadora de Casa Poesía en el 202. Participó en el Primer Festival de Poesía en Granada, Nicaragua, 2005; en el Congreso de Escritores de Centroamérica de la Universidad Tecnológica de Panamá, 2005; y el VI Congreso de Escritores Latinoamericanos, organizado por el Instituto Tecnológico de Costa Rica, 2009. Ha sido invitada al Festival de Poesía de Sao Paulo, de la Secretaría de Cultura de Sao Paulo y de la UNESCO.

Los dos y otros poemas de María Esther García López

por María Esther García López


En defensa del cardo y de la ortiga…
Jesús Munárriz

                                            

ATIENDI

N’auxiliu del raitán, de l’andolina
de los mirlos, de zarricas, verderones...
N’auxiliu de calandrias, y los cantos.
N’auxiliu de la música del ríu.
N’auxiliu de los gril.los.
N’auxiliu de culuebras y l.largatos
Polos sapos, les xaronques, pol ciempiés,
pol esguil que nos mira dende l’árbol.
Pol arume a salitre, polos pexes.
Pola ouca, pol chufín, polos corales.
¡N’auxiliu!, ¡n’auxiliu!
Que la vida siga viva.
Agua espeyu, sin velenos nin fedores.
Pol sosiegu,
pola l.luz,
pol aire puru.

*

ATIENDE

En auxilio del  petirrojo, golondrinas
de los mirlos, de canarios y  gorriones...
En auxilio de calandrias, y  sus  cantos.
En auxilio de la música del río.
En auxilio de los grillos.
En auxilio de culebras y lagartos.
Por los sapos, por las ranas, los gusanos,
Por la  ardilla que nos mira desde el árbol.
por los peces,  el salitre…
Por las algas, los delfines, los corales
¡Auxilio! ¡Auxilio!
Que la vida siga viva.
Agua espejo, sin venenos  ni hedores.
Por la luz,
Por sosiego.
¡Por aire puro!

*

Publicado  en  El Parque de la Vida. Luarca (Valdés) 2020.


LOS DOS

Esta nueite
la l.luna  míranos estrañada
fálanos de miserias ya d’escombros
de visiones ya de mieos.
You, un mar de vendavales ya l.loucuras. 
El ríu baxa adulces,  en  silenciu, 
ayenu a las mias tormentas, 
ya l.lieva el caudal espesu de pasiones.
Los dos.
Los dos xuntos, nun sabemos qué dicirnos.
Yo ruempo’l   silenciu
y asegúrote, amor mío,
que
te quiero ensin preguntas,
quiérote ensin respuestas.
Asína
ensin más.
enisn más,
asína
quiérote.

*

LOS DOS

Esta noche
la luna nos observa extrañada;
nos habla de miserias y de escombros,
de visiones y de miedos.
Yo, un mar de vendavales y locuras. 
El río serpentea en su silencio, 
ajeno a mis tormentas, 
y lleva el caudal espeso de pasiones.
Los dos.
Los dos juntos, no sabemos qué decirnos.
Yo quiebro el silencio
y te aseguro, amor mío,
que
te quiero sin preguntas,
te quiero sin respuestas.
Así,
sin más.
Sin más,
así,
te quiero.

*

María Esther García López. Aveces el amor es azul. E. Setentayocho. (2020).


Árbol míu.
Son pa ti estos versos.
-Espárcelos ente los ausentes-

Si pudiera ser salvia
qu’afluire polas tuas venas
teñiríalas de deséu.
	
Si pudiera abel.lugame baxo ti,
abrazada a ti,
a xeitín, en secretu...
¡Ya que se durmiera’l tiempu...!
	
Si pudiera aniame pa siempre
ente las tuas fueyas,
sería col.lacia tuya,
ya novia
ya amante.
Sería yo, entós: amor, 
suspiros, l.letanía, 
versos,
vientu, chuvia, sol,
refuxu...
Ya viviría contigo 
	                                                   albentestate.

*

Árbol mío.
Son para  ti estos versos.
-Espárcelos entre los ausentes-

Si pudiera ser savia
Que corriese por tus venas
Las teñiría de deseo.
	
Si pudiera cobijarme bajo tus ramas
abrazada a ti,
en secreto, como en sueños.
¡Y que se durmiera el tiempo...!
	
Si pudiera esconderme para siempre
entre  tus hojas,
sería compañera tuya,
y novia
y amante.
Sería yo, entonces: amor, 
suspiros, letanía, 
versos,
viento, lluvia, sol,
refugio...
Y viviría contigo 
                                                        en tempestades.

*

Poema al robleque crece en el Parque de Los Pericones (Gixón), en memoria de  los que nos dejaron en Pandemia.


(…) tornare al nido, trovare
le ginocchia materne,
appoggiarvi la fornte…
Antonia Pozzi

RETORNO

Volver al nido,
casi deshecho por la crueldad del tiempo.
Volver al nido en invierno,
cuando huele a humedad,
y a hielo,
y a silencio.
Volver al nido en busca de unos brazos.
Imaginar el eco de tu voz
allá, a lo lejos.
Nadie puede devolverme 
la extinguida luz de tu estrella.
                 Mi luna descolorida.
                 Mis desvelos.
                 Mis sombras.
                 Mis secretos.

*

María Esther García López. Aveces el amor es azul. E. Setentayocho. (2020).


MIEDU

Cuando yera nena, 
asustábanme muito los aviones
que volaban pol cielu, 
¡tan rápido!, ¡tan alto!
ya deixaban caminos de fumu blancu,
que figuraban dibuxos xeométricos perfeutos.
Asustábanme los voladores nas fiestas,
los ruíos, los petardos,
asustábame la nueite,
las prietas solombras de los árboles.
L.lárimas del miedu.
¿Miedos?
Asustóume la primera cana
que miou pá s’arrancóu de la cabeza,
con rabia ya sorpresa. 

-Sos vieyu, papá.
¡Qué tristura!
Agarréime a las suas piernas. 
La vieyera.
Asustábame la vieyera.
Asustábame’l papón, ya l’home l’untu,
las culuobras, las curuxas, ya los viérbenes.
Miedos. Muitos miedos. Miedos.
¡Mia neñez!

*

MIEDO

Cuando era niña
Me asustaban mucho los aviones
que volaban por el cielo, 
¡tan rápido!,¡tan alto!
y dejaban caminos de humo blanco
que figuraban dibujos geométricos perfectos.
Me asustaban los voladores en las fiestas,
los ruidos, los petardos,
 me asustaba la noche,
y las negras sombras de los árboles.
¡Lágrimas del miedo!
¿Miedos?
Me asustó la primera cana
que mi padre se arrancó de la cabeza
con rabia y con  sorpresa.
 
-Eres viejo, papá.
¡Qué tristeza!
Me abracé a sus piernas
¡La vejez!
Me asustaba la vejez.
Me asustaba el papón, y el hombre del saco,
las culebras, las lechuzas, los gusanos.
Miedos. Muchos  miedos. Miedos.
¡Mi niñez!

*

Esther García López. En Lletres asturianes, 2008 Academia de la llingua Asturiana.


El color de los díes

Nueches d’insomniu.
Asáltame la velea de l’acordanza.
Siento’l distintu color de los díes.
Díes qu’amanecen escuros.
Díes qu’abro la puerta de la señardá,
y alcuentro’l ñeru vacíu.
La frialdá aniada nel cuartu aterezme’l corazón.
Amágame’l tiempu.
Les pallabres anúdanseme  na garganta.
El pianu clávame los güeyos.
Siento sones nes paredes.
Negres, corchees, semicorchees, fuses, semifuses,
claves de sol y de fa…
Ya’l silenciu, el silenciu, el silenciu…
Amágame’l tiempu y el silenciu.
Un rayu de sol entra adulces pela ventana,
ya anúnciame que non tolos díes tienen el mesmu color.

Ente sueños, los recuerdos llévanme
una nueche y otra nueche,
un día y otru día,
al camín de la señardá.
El cuartu, el pianu, la moñeca de trapu…
¡Too ta en silenciu!

*

EL COLOR DE LOS DÍAS

Noches de insomnio.
Me asaltan la tristeza y los recuerdos.
Siento el distinto color de los días.
Días que amanecen oscuros.
Días que abro la puerta a la melancolía,
y encuentro el nido vacío.
La frialdad invade tu cuarto y me hiere el corazón.
El tiempo me reta.
Las palabras se me anudan en la garganta.
El piano me clava los ojos.
Siento sones en las paredes.
Negras, corcheas, semicorcheas, fusas, semifusas,
claves de sol y de fa…
Y el silencio, el silencio, el silencio…
El tiempo y el silencio me intimidan.
Un rayo de sol entra sutilmente por la ventana,
Y me recuerda que no todos los días tienen el mismo color.
	
Entre sueños, los recuerdos vivos, 
una noche y otra noche
un día y otro día,
por el camino de la añoranza.
El cuarto, el piano, la muñeca de trapo…
¡Todo está en silencio!

Si alguna vez advierte que la miro a los ojos…
Mario Benedetti

DELIRIOS

Si en dalgún momentu alviertes 
que te miro a los güeyos.
Si sientes suspiros,
como escalafríos,
piensa que ye deliriu o llocura o quimeres…
Nun sé qué me pasa,  
porque hai tiempo, munchu tiempu,
que malpenes  suspiraba.
Nin amores, nin llames, nin señardá, nin pasión...
Va  tiempu que la lluz, la lluz de los mios güeyos
taba apagada.
Y agora, amor mío,
¡yo  mírote a los  güeyos!,
estremécenseme les venes.
Fuisti tú quien  tornó a  prender esta llama,
colos  besos tuyos 
y esos abrazos 
qu’abrazan mio alma.

*

DELIRIOS

Si en algún momento adviertes 
que te miro a los ojos.
Si escuchas suspiros,
como escalofríos,
piensa que es delirio o locura o quimeras…
No sé qué me sucede.
Porque hace tiempo, mucho tiempo,
que apenas suspiraba.
Ni amores, ni llamas, ni pasión, ni nostalgia…
Hace tiempo que mi luz, la luz de mis ojos,
estaba apagada.
Y ahora, amor mío,
¡yo te miro a los ojos!
Se estremecen mis venas.
Fuiste tú quien ha vuelto a encender esta llama,
con tus besos inmensos
y esos abrazos 
que abrazan mi alma.

*

María Esther García López. A veces el Amor es azul. 2020. E. Setentayocho.


ESCONSUEÑU

ANDARLACASA de la mano.
Col mieu de la nueite ente los l.labios.
ANDARLACASA xugando al esconderite colos trasgos.
Col trasgu que m’escuende la l.loucura.
Col trasgu que t’escuende la zuna de quereme
 a xeitín, a bocaxarru.
ANDARLACASA a la gueta l’amor,
que s’escurrió pente los didos de las manos.
Arroubónoslu’l trasgu, o l’escaezu, 
o’l tiempu que cuerre ensin descansu…
¡Escondiéronnos l’amor ya la pasión!
ANDARLACASA a la gueta l’amor. 
ANDARLACASA a la gueta de los trasgos invisibles.
ANDARLACASA esperando qu’amaneza.
Y vivir outra vuelta’l color del alba.

*

ENSOÑACIÓN

ANDARLACASA de la mano.
Con el miedo de la noche entre los labios.
ANDARLACASA jugando al escondite con los trasgos.
Con el trasgo que me esconde la locura.
Con el trasgo que te esconde la ilusión de quererme 
poco a poco, con amor apasionado.
ANDARLACASA en busca del amor
que gotea entre mis dedos.
¿El amor?
Nos lo robó el trasgo y el olvido,
y el tiempo que corre sin descanso.
¡Nos hurtaron el amor y la pasión! 
ANDARLACASA en busca del amor.
ANDARLACASA en busca de los trasgos invisibles.
ANDARLACASA esperando a que amanezca.
Y vivir otra vez el color rojo del cielo apasionado.

*

María Esther García López.  El color de los días. E.  Bajamar (2019).


María Esther García López (La Degol.lada-Valdés-Asturias). Licenciada en Pedagogía, Maestra y Experta en Filología Asturiana. Es autora de varios títulos de narrativa, de poesía y de literatura infantil. Tiene en su haber varios premios literarios en ambos géneros. (Premio Oviedo de Poesía, por su poemario Pisadas. Premio Fernández Lema de narrativa. Premio Xosé Álvarez  del Centro Asturiano de Madrid, entre otros).  Además de distintos galardones como el Premio Timón a la trayectoria literaria. Su obra forma parte de distintas antologías. Es miembro correspondiente de la Academia de la Llingua Asturiana. Es autora de títulos de  investigación y de didáctica y  coautora de libros de texto para la enseñanza de la Llingua Asturiana. Colaboradora  habitual en el periódico La Nueva España, además de otras revsitas literarias. Fue colaboradora en la cadena SER (Radio). Y el la RTPA, Radio y Televisión del Principado de Asturias (RTPA). Actualmente es la presidenta de la Asociación de Escritores  y Escritoras de Asturias.

Locus Amoenus y otros poemas de Aurelio González Ovies

por Aurelio González Ovies


LOCUS AMOENUS

Nun yeren más de cuarenta
y dos metros de planta:

la cocina, los cuartos,
el pasillu pel mediu.

Fuera, unes lates d’aceite y unos turcos,
perexil y xeranios.
Una figar con xestu de matriarca,
unes llorees altes
y un gallineru. 

*

LOCUS AMOENUS

No eran más de cuarenta 
y dos metros de planta:

la cocina, los cuartos, 
el pasillo en el centro.

Fuera, unas latas de aceite con turcos, 
perejil y geranios.
Una higuera con pose de matriarca,
unos laureles altos
y un gallinero.

AL ABRIR LA PUERTA

Ya nun-y daba pa más el corazón,
teníalu más grande que la caxa, 
pero namás sentía ruxir les llaves 
tres la puerta
-los perros pal amor ganénnos n’olfato- 
anque yá nun pudiere llevantase,
venía a llambeme un poco, iñando 
y arrastrándose.

*

AL ABRIR LA PUERTA

Ya no le daba para más el corazón;
lo tenía, dijeron, más grande que la caja, 
pero tan pronto como sentía la llave
-los perros nos superan en amor
y en olfato-
aunque ya no pudiera levantarse, 
venía a lamerme un poco, gimiendo 
y arrastrándose.

CUCHIELLOS, NAVAYES…

Acercábase mui ceu de mañana. 
Nesa hora na que gallos y gallines 
alboroten los pueblos. La bicicleta 
llena d’artiluxos: piedra esmeril, 
diamante, filo plomu
y una xiringa que sonaba a morrina.
Remachaba les potes y los cazos 
y mientres afilaba: curriños

-comentábanos- as chispas coma vida...

Pañaba les perrones. Dába-yos a los pedales 
y cada vez más lloñe:

caceroles, cuchiellos,
              cachivaches, navayes..!

*

CUCHILLOS, NAVAJAS…

Llegaba muy temprano
de mañana. Cuando los gallos y gallinas 
alborotan los pueblos. La bicicleta
llena de artilugios: piedra esmeril, 
diamante, hilo de plomo
y una siringa que sonaba a Galicia. 
Remachaba las potas y los cazos, 
y mientras afilaba, curriños

-nos decía- como a vida as chispas.

Recogía las perras. Le daba a los pedales, 
y cada vez más lejos:
 
cacerolas, cuchillos, cachivaches, navajas..!

LLUNES A LLUNES

Va clariando la lluz per detrás de
los montes. Rompe’l silenciu
esti autobús de llinia. Vamos mui pocos.
Chavalinos con llibros y mochiles,
un home que comenta
         -nun para de toser-
que va pal médicu
y unes muyeres, llamentando en voz alta,
el preciu de la fruta y estes xelaes que caen 
per xineru.
Allumen entovía les faroles. Y nel mediu 
la plaza -como cuando nun sueñu 
traxinen munchos cuerpos-,
ente bultos y gallos, calcetinos y ropa, 
monten el tenderete, un llunes y otru llunes 
hacia esta mesma hora, los tenderos.

Apoyo la cabeza sobre la ventaniella.
Como faigo na vida, la metá
del camín voi pasala durmiendo.

                    (Proaza. Iviernu)

*

LUNES A LUNES

Va surgiendo la luz por detrás de 
los montes. Rasga el silencio
este autobús de línea. Vamos muy pocos. 
Unos adolescentes con libros y mochilas, 
un hombre que comenta
              -no para de toser- 
que baja al médico
y unas señoras, lamentando en voz alta,
el precio de la fruta y estas heladas que caen 
en enero.
Alumbran todavía las farolas. Y en medio 
de la plaza, como cuando en un sueño 
trajinan muchos cuerpos,
entre bultos y gallos, calcetines y ropa,
 
montan su tenderete, un lunes y otro lunes 
a esta hora, los tenderos.

Apoyo la cabeza sobre la ventanilla. 
Igual que hago en la vida, la mitad 
del camino, me la paso durmiendo.

                       (Proaza. Invierno).

CUATRO POEMAS INFANTILES

*

CON FARINA Y MOLDES

Si tenía una pena 
o taba mui sola, 
facíanos pasteles 
coles cenahories,
y pastes d’almendra 
grandes y rechonches. 
Y ellí desafogaba, 
con farina y moldes
y yemes y azucre, 
rodiada de potes.

—¿Qué te duel, mamina? 
Dinos por qué llores.

—Tranquilos, mios neños, 
fue al picar cebolles.

*

ENTRE HARINA Y MOLDES

Si tenía una pena 
o estaba muy sola, 
nos hacía pasteles 
con las zanahorias,
y pastas de almendra 
grandes y rechonchas. 
Y allí desahogaba, 
entre harina y moldes 
y yemas y azúcar, 
rodeada de potas.

-¿Qué te duele, mami? 
Dinos por qué lloras.
 
-Tranquilos, mis niños, 
fue al picar cebollas.

MADRESÍA

Un poema a toles 
madres qu'esisten, 
a les que nos peñen
y a les que nos visten. 
Un poema a toles 
madres d’esti mundu 
porque faen milagros 
d’un arbeyu crudu.
A les qu’anque tean 
con fiebre y anxines, 
tuéstennos abrazos
y ásennos sorrises. 
A les que de siempre 
yá nos quieren tanto 
que rebocen suaños
mientres traguen llantu. 
A les que del pexe 
fieru de la vida 
sáquennos la carne
y comen la espina. 
A les qu’enveyecen 
con grietes y grumos 
d’esprimise a diariu 
pa facenos zumos.
A les que yá tán 
so la nuesa cuna
llumando la nueche, 
faciendo de lluna.

A les que nos cubren, 
defenden y abracen 
aínda si duermen, 
aínda si falten.
A les que los años 
cuasi se-yos pasen 
ente planchar fuerces 
y llimpiar les cases. 
Un poema a toes 
estes siemprevives 
que sirven de fuelle 
y son como vigues.
 
Un gracies a toes 
estes madres nuestres 
que son cocineres, 
modistes, maestres;
y adornen bizcochos 
o alministren cuentes 
y trencen toquilles, 
remienden sorpreses...

A toes cuantes tán 
o yá son estrelles.

*

MADRESÍA

Un poema a todas
las madres que existen, 
a las que nos peinan
y a las que nos visten.
Un poema a todas
las madres del mundo 
porque hacen milagros 
de un guisante crudo. 
A las que aunque estén 
con fiebre y anginas, 
nos fríen abrazos
y asan sonrisas.
A las que de siempre 
nos quieren ya tanto 
que rebozan sueños 
mientras tragan llanto. 
A las que del pez 
fiero de la vida
nos sacan la carne 
y comen la espina.
A las que envejecen 
con grietas y grumos 
de exprimirse a diario 
para hacernos zumos. 
A las que ya están 
sobre nuestra cuna 
borrando la noche
y haciendo de luna.

A las que nos cubren, 
defienden y abrazan
incluso si duermen,
incluso si faltan.
A las que los años 
casi se les pasan
entre planchar fuerzas 
y limpiar la casa.
Un poema a todas 
estas siemprevivas 
que sirven de fuelle 
y aguantan de viga.
Un gracias a todas 
estas madres nuestras 
que son cocineras, 
modistas, maestras;
y adornan bizcochos 
o administran cuentas 
y trenzan toquillas
o zurcen sorpresas. 

A las que aún están
o son ya estrellas.


CARTA D’ARTURO

Anque nun vuelves, 
yá me conformo 
adivinándote
en tolos contornos.

Anque nun vuelves, 
miro la lluna
y ellí te veo:
¡cómo t’allumbra!

Anque nun vuelves, 
yá descubrí
que delles flores 
güelen a ti.

Anque no vuelves, 
sigo suañando
que, al despertame, 
me tas tocando.

Anque nun vuelves, 
en tola vida,
tu yes la fecha 
que más m’anima.

Anque nun vuelves, 
baxo l’alfombra, 
guardé una tarde
to guapa sombra.

Anque nun vuelves, 
yo yá nun lloro, 
nacer de ti
yá ye un tesoru.

*

CARTA DE ARTURO

Aunque no vuelvas, 
yo me conformo 
adivinándote
en los contornos.

Aunque no vuelvas, 
miro la luna
y allí te veo:
¡cómo te alumbra!

Aunque no vuelvas, 
ya descubrí
que algunas flores 
huelen a ti.

Aunque no vuelvas, 
sigo soñando
que, al despertarme, 
me estás tocando.

Aunque no vuelvas, 
todos los días,
eres la fecha
que más me anima.

Aunque no vuelvas, 
bajo la alfombra, 
guardé una tarde
tu hermosa sombra.

Aunque no vuelvas, 
yo ya no lloro, 
nacer de ti
es ya un tesoro.

CANCIÓN PA XUEGU DE MANES

Si lo tengo too 
apetezme nada. 
Si nada tuviera, 
too me sobrara. 
Unu, dos y tres, 
qué barbaridá.
Cuatro, cinco y seis, 
qué contrariedá.
Nun me duel nada
y siempre me quexo.
Cuando toi malín
sí que m’arrepiento. 
Unu, dos y tres, 
qué barbaridá.
Cuatro, cinco y seis 
qué contrariedá.
Nun sé valorar 
lo que me rodea.
Y si se me pierde 
yo muerro de pena. 
Unu, dos y tres, 
qué barbaridá.
Cuatro, cinco y seis, 
qué contrariedá.

*

CANCIÓN PARA JUEGO DE MANOS

Si lo tengo todo 
me apetece nada. 
Si nada tuviera, -
todo me sobrara. 
Uno, dos y tres, 
qué barbaridad.
Cuatro, cinco y seis, 
qué contrariedad.
No me duele nada
y siempre me quejo. 
Cuando estoy malito 
sí que me arrepiento. 
Uno, dos y tres,
qué barbaridad. 
Cuatro, cinco y seis 
qué contrariedad.
No sé valorar
lo que me rodea. 
Y si se me pierde 
me muero de pena. 
Uno, dos y tres, 
qué barbaridad.
Cuatro, cinco y seis, 
qué contrariedad.

Aurelio González Ovies (Bañugues,1964). Doctor en Filología y profesor de Filología Latina en la Universidad de Oviedo (1988). Tiene en su haber, entre otros, el Premio Internacional de Poesía ‘Ángel González’ (1990), Premio Internacional de Poesía Juan Ramón Jiménez (1992), Accésit Premio Adonais (1992), Accésit Premio Esquío (1994), Premio Nacional a los libros infantiles y juveniles mejor editados en 2013 con la obra Versonajes,  otorgado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. 2014, así como el Premio de las Letras de Asturias (2018). Desde su primer publicación, Las horas en vano (1989), hasta la actualidad, es autor de una cuarentena de poemarios (España, Méjico, Colombia) y de otros títulos de literatura infantil.

La mano en fueu y otros poemas de Ángeles Carbajal

por Ángeles Carbajal


XARDÍN

Pínchame siempre
la rosa,
nunca la espina.

*

JARDÍN

Me pincha siempre
la rosa,
nunca la espina.

LA MANO DE NIEVE

Díes que pasáis col sol encesu
pelos sieglos de los sieglos,
hermanos ximielgos de toos
los que marchamos ensin querer,
como l’arpa nel ángulu escuru
esperando la mano de nieve,
si nun nos toca
nun nos volveremos a ver.

*

LA MANO DE NIEVE

Días que pasáis con el sol encendido
por los siglos de los siglos,
hermanos gemelos de todos
los que nos vamos sin querer,
como el arpa en el ángulo oscuro
esperando la mano de nieve,
si no nos toca
no nos volveremos a ver.

CASA VIEYA

Casa vieya,
onde’l corazón
ye’l vasu pel que bebo,
la mesa onde como, la xarra
na que pongo flores…
Col corazón nes manes
descansa en paz el corazón.

*

CASA VIEJA

Casa vieja,
donde el corazón
es el vaso por el que bebo,
la mesa donde como, la jarra
en la que pongo flores…
Con el corazón en las manos
descansa en paz el corazón.

LA PRIMERA VEZ QUE LLORÓ NA MIO VIDA

Foi la primera vez que lloró na mio vida.
(Dempués siguí cola mio infancia infinita)
La primera vez que la vi llorar
mio ma vistióse apurada
y echó a andar caleya alantre tan triste,
caminaba como una nube pequeña
y vistida de negro apegada a la tierra.
Morriere mio güela.
¡Cómo m’asustó la soledá de mio ma!
Quixi xubir como un perrín tres d’ella
el camín empináu pel que baxaba la nueche,
nun me dexaron, y quedé esperando
porque yera mio ma esa nueche la neña. 

*

LA PRIMERA VEZ QUE LLORÓ EN MI VIDA

Fue la primera vez que lloró en mi vida.
(Después seguí con mi infancia infinita)
La primera vez que la vi llorar
mi madre se vistió deprisa
y echó a andar camino adelante tan triste,
caminaba como una nube pequeña
y vestida de negro apegada a la tierra.
Había muerto mi abuela.
¡Cómo me asustó la soledad de mi madre!
Quise subir como un perrillo tras ella
el camino empinado por el que bajaba la noche,
no me dejaron, y me quedé esperando
porque era mi madre esa noche la niña.

LA MANO EN FUEU

Nun podía imaxinar
que diben namás
qu’hacia l’olvidu
aquellos díes,
inda nun soi a creyer,
anque lo sepa,
que voi dexar de ser
un día cualquiera
que nel olvidu yá descansa
como’l restu de los díes
del ayeri y del mañana.
Pero daquella
yo punxi la mano en fueu
pa xurar que la verdá
yera tresparente,
qu’una cuesta empinada
xubiríase siempre  
nuna carrera,
y que lo que pidía’l corazón
yera de xusticia
-humana y divina-
dá-ylo;
queméme.
El casu ye
que yo xuraba 
en contra del dolor
ensin conocelu siquiera.
(En contra del dolor
namás que sé xugar con fueu).

*

LA MANO EN EL FUEGO

No podía imaginar
que iban nada más
que hacia el olvido
aquellos días,
aún no soy a creer,
aunque lo sepa,
que voy a dejar de ser
un día cualquiera
que en el olvido ya descansa
como el resto de los días
del ayer y del mañana.
Pero de aquella
yo puse la mano en el fuego
para jurar que la verdad
era transparente,
que una cuesta empinada
se subiría siempre
en una carrera,
y que lo que pedía el corazón
era de justicia
-humana y divina-
dárselo;
me quemé.
El caso es
que yo juraba
en contra del dolor
sin conocerlo siquiera.
(En contra del dolor
nada más sé que jugar con fuego).

ATAPECER

Otra tarde toi tan sola
al par d’esta mio vidina breve.
Tengo de face-y casu;
o la quiero yo
o nun la quier naide.

*

ATARDECER

Otra tarde estoy tan sola
al lado de esta mi pequeña vida breve.
Tengo que hacerle caso;
o la quiero yo
o no la quiere nadie.

EL DÍA NUEVU

Soi un día nuevu
que salta de la cama
y posa los pies
nel suelu de madera.
Voi abrir puertes y ventanes,
y regar les plantes mentes escucho
el movimientu musical 
númberu tres de Schubert
unes cuantes veces de siguío
porque ye un puru vuelu.
(Básta-y l’aire
al rellumante corazón
que tuvo triste con razón
y aprendió a tar allegre
ensin ella). 

*

EL DÍA NUEVO

Soy un día nuevo
que salta de la cama
y posa los pies
en el suelo de madera.
Voy a abrir puertas y ventanas,
y a regar las plantas mientras escucho
el movimiento musical
número tres de Schubert
unas cuantas veces de seguido
porque es un puro vuelo.
(Le basta el aire
al relumbrante corazón
que estuvo triste con razón
y que aprendió a estar alegre
sin ella).    

VELA

Llévate nes manes una neña,
camina pel pasillu
cola to lluz ente solombres,
y al llegar al cuartu
evérate a los llabios,
rellumes, con un pocoñín de miel,
nes sos pupiles,  sopla, 
tan cerca de ti tán les estrelles.

*

VELA

Te lleva en las manos una niña,
camina por el pasillo 
con tu luz entre sombras
y al llegar al cuarto
te acerca a los labios,
resplandeces, con un poquitín de miel,
en sus pupilas, sopla,
tan cerca de ti están las estrellas.

Ángeles Carbajal. Llicenciada  na especialidá d’Hestoria del Arte. (Universidá d’Uviéu). Collaboradora en revistes lliteraries como Reloj de Arena, Clarín, Anáfora,Lliteratura y otres. Tien asoleyaos los llibros La caligrafía de la distancia (Cuadernos del Bandolero, 1993), La sombra de otros días, (Editorial López y Malgor, 2002). El so llibru En campu abiertu algamó nel añu 2012 el premiu Teodoro Cuesta de Poesía. Nel añu 2014 col llibru L’aire ente la rama ganó’l premiu Xuan María Acebal de Poesía, que tamién, nel 2015, recibió’l premiu al meyor  llibru l’ añu n’ asturiano, concedíu pola Tertulia Malory. En 2016 recibe otra vegada’l premiu Xuan María Acebal pol llibru Un vasu d’agua. La editorial Impronta editó nel 2019  el llibru de poesía Quedar  a solas.

Poesía costarricense actual: Selene Fallas

                                                       Selección por María Macaya

Hijas de Safo


Para leer este poema
debés llevar un sostén negro
con encaje, sin cordones.
Lo irás soltando poco a poco
como si fuera de palabras,
como si no tuviera comas,
ni ganchillos, ni botones.
Tomarás el tirante como un renglón
que nada pesa
y liberarás tus pezones,
versos sin candado
que no apuntan a la rima.
Comenzarás en la estrofa
que se parezca más a vos,
no tenés que detenerte.
Terminarás desnuda
en el regazo de Érato,
pero no serás poesía,
ni musa, ni ninfa.
Serás la poeta,
la hija de Safo,
la castradora de Zeus.



Paradigma

Yo también me pensé irresistible,
soñé que era bella y perfecta
que mi ropa y maquillaje
daban ese último acabado
ese tono impecable
entre mujer y muñeca.




Mujeres de jabón 

Ariadna no quiere lavar platos, 
¿qué podemos hacer?
No le gusta el jabón.
Digámosle que el jabón es una luna,
que con él se fabrican cielos
y las manos se vuelven fuertes como palmas,
que el jabón hace a las mujeres sabias
en limpieza y en amor,
que la mujer es como mucho jabón en la historia,
que la historia de la mujer es como jabón.
Ella tiene que entender que los platos son hijos
y que hay que mantenerlos limpios,
solo la mujer sabe en sus entrañas
el valor de la limpieza,
solo la mujer entiende
lo que vale una cocina con platos transparentes
y vajillas azules.
Ariadna debe comprender
que su edad es de jabón,
su cuerpo, su alma y que puede resbalar en cualquier parte
y dejar de ser la niña que huye a los platos.
Las mujeres, solo somos la espuma frágil
que se marcha con el agua
y que no permanece en ningún lado.
Mi hija tiene que aprender a amar el jabón
y a ver en sus favores la paciente humildad de las uñas débiles,
del sarmiento de las manos
y de la imaginación apagada.
El jabón es solo una burbuja de escape
a la mugre del tiempo,
una ausencia para limpiar las ventanas
de recuerdos y dudas.
Tiene que aprender que los sarros del engaño,
también se lavan con jabón,
que todo se lava con jabón,
los dolores y regaños.
Mi niña Ariadna debe comprender
que las lágrimas simples de mujer
son como manchas en el piso
y que el jabón también lava el alma,
que la mujer tiene que tener limpios el rostro y la casa.
Las mujeres deben ver en el jabón
la sonrisa de una abuela,
la luna de una mujer es solo una burbuja
y el sol es otro aliado del cansancio,
otro amanecer, otra escoba que barre los sueños.
El jabón, ese bálsamo eterno
que nos limpia de cerebro y placer,
mientras bailamos nuestra cabeza
en medio de serpientes y frutos
para que los jueces nos culpen de tener labios y ojos,
de ser la espuma, la parte limpia del jabón,
de ser mujeres de jabón que han resbalado la vida,
que los han hecho caer todas las veces
y se han deshecho en el tiempo
para restregarse en la culpa.











Selene Fallas, nació en San José, Costa Rica en 1978. Estudió Literatura en la Universidad Nacional hasta obtener el grado de Licenciatura, también es egresada de la Maestría en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Costa Rica y fue profesora en esta casa de estudio durante diez años. Ha publicado diversos artículos sobre literatura costarricense y latinoamericana y participado en varios congresos especializados. En 2015 publicó el libro El teatro en Paradiso, un análisis sobre la novela del cubano José Lezama Lima. En ese año también publicó su primer poemario Hijas de Safo (de donde son los textos que les comparto. De este libro el poema «La cólera de Tetis» fue traducido al italiano y publicado en la revista Proa (Italia) . En 2018 colaboró con el  libro 100 años de literatura costarricense (tomo II) (Flora Ovares y Margarita Rojas, Editorial Costa Rica).En el año 2020 se incluye su poesía en el libro Antologia della poesia costaricana (Emilio Coco. Raffaelli Editore). En 2021 colabora en la publicación 20 sobre 21 Literaturas costarricenses del nuevo siglo: ensayos (Albino Chacón, G.A. Chaves, Gustavo Solórzano-Alfaro, Editorial Costa Rica). Actualmente trabaja en su próximo poemario y por un proyecto personal, reside en Montgomery, Alabama. EEUU.

Poesía hondureña actual: Marco Antonio Madrid

Selección por María Macaya

Poema del mar en el sur de las aguas.

I

Aquí desemboca la noche.

Estrellas como barcas

Atadas a las aguas nocturnas.

Respira aún el tiempo

Sobre el húmedo mangle.

¿Qué fragmento del ciclo total

Es este instante?

¡Todo es silencio!

Del árbol de gualiqueme

Nace un río que luego

Se pierde en el golfo.

II

Ir,

  Venir,

            Llegar.

Ese viaje nómada del canto

Entre el sueño y la vigilia.

La ola restalla en la palabra,

Extrae soles, hermosas lunas,

Naves con gavias de luz anochecida.

Y así como abril abre caminos nuevos

En la hoja, la palabra de acerada proa

Abre renovados surcos en el agua.

Duermevela para nombrar el ave

Y buscar el canto de su vuelo en un cielo

Que cabe en otro cielo.

Estar,

        Esperar,

                     Luchar

Contra el aquilón y las afiladas rocas.

Velar las armas

Hasta que tu silencio

Hable por mi silencio.

¡Leve arcilla, dulce viento!

Mutaciones

Hasta el duro cielo de estas rocas

Ha llegado el mar.

En el, recuerda el agua

Su antigua germinación de sombra,

El paso del ánade y la huella

Acaso feliz de algún hombre,

La otra margen donde las edades del sol

Se confunden con las hojas que caen

De la lluvia.

Cenizas, nostalgia… hojas manchadas

De luz que el viento aún esparce

En algún lugar de la memoria.

Hasta el duro cielo de estas rocas

Ha llegado el mar.

Bajo su oleaje, la palabra

En los labios, descansa.

La rosa de Paracelso. 

                                                       A  Jorge Luis Borges

                                                                           Apocalipsis 2:17

Recordó la flor que antes de ser ceniza fue color,

Espiga en aroma,

Espiral al viento. Recordó la brizna de luz

En la hoja que cae del tiempo, la sombra

En el vuelo errante del ave y el canto feliz

Del astro, pensó la flor en la piedra y en la espina,

Recordó el dolor y recordó el camino.

¡Suplicó volver!, mas el ojo del escéptico no advirtió

El prodigio,

El maestro pronunció la palabra oculta…..

¡Intacta resucitó la rosa y otra era la flor

Que a la vez era la misma, así como la piedra

Era la piedra y al mismo tiempo era el camino.

Las uvas de Zeuxis

                                                         No serás el racimo de frutas

                                                          Que vanamente se disputen

                                                         Los pájaros que se llamen olvido.

Ives Bonnefoy

Han vuelto las aves

a devorar con fruición,

bajo la sombra de la vid,

las uvas frescas que el artista

ha pintado.

Habría que dibujar un hombre

con el ceño adusto o un niño

gritando o pintar un cielo

menos claro o un mar borrascoso

que las espante.

Algunas alzan el vuelo

del retorno, llevando

entre pico y garra rastros del banquete,

van a alimentar a sus crías en un rincón

boscoso del ponto Egeo.

La sombra del mar golpea la orilla

lejana. Una a una

vuelan por sobre las aguas.

Las guía el aroma destellante de la fruta

y el color que va

del verde tierno al violeta ya maduro.

Ya acechan desde el cielo

más cercano. Esperan del pincel

la próxima cosecha.

Más allá de las furias

En vano será el afán

De buscar otros nombres. De una vez para siempre

Es Orfeo quien canta. Viene y se va.

(Reiner María Rilke)

Habrás llegado tú, tierna Euridice,

Limpia ya de toda sombra.

Habrás llegado a palpar las llagas del vencido.

En las frías alamedas, mi cabeza

Es tan sólo la lejana contemplación de algún astro.

Me defiendo de la noche

Tratando de esquivar la marea de esas hojas

Que el viento arrastra hasta mis ojos;

El agua estallando en la osamenta del mundo

Es tan frágil en mis huesos.

La lluvia cae, y mi mano

Roza la piel de algún camino.

Nada soy entre infectadas amapolas,

Sobre esta corriente humana

Que se hunde en el tedio de la urbe.

Entre el asfalto y la vendimia,

Sobre la crueldad del fiero mármol,

No escucharé, el dulce canto de la lira.

El fuego lunar de las Ménades ha gastado estos muros.

Devastados los imperios,

Muero en el sueño de esa boca núbil

Que ardorosa remonta la corriente

Y me llama y me sueña.

El amor une en ti mis pedazos, tierna Eurídice,

Limpia ya de toda sombra.


Marco Antonio Madrid es licenciado en Letras con especialidad en Literatura por la UNAH. Se ha desempeñado como profesor de Filosofía y Letras en distintas universidades de Honduras. Sin embargo, su labor docente la ha desarrollado principalmente en el Departamento de Letras de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en el Valle de Sula (UNAH-VS) impartiendo la clase de semiótica y literatura. Poemas suyos han aparecido en diarios hondureños y en algunas revistas literarias extranjeras y ha participado en antologías centroamericanas e   hispanoamericanas. Es director y fundador del Magazín Literario El barco ebrio. Ha publicado los libros de poesía La blanca hierba de la noche (2000)  La secreta voz de las aguas (2010) Palabras de acerada proa (2018).

Boris Rozas: selección de poemas 2013 – 2021

por Boris Rozas


WISLAWA EN PARIS

A la cola de un buffet de asado
converso con Wislawa.
Mi esposa nos acecha 
sin atreverse aún
a llamar a la puerta. 
Conoce los salones de los poetas,
llenos de niños
que juegan con hojas en blanco
como pequeños jilgueros,
entre las balas
que aúllan
al rozar la carne. 

SARA

A los que patinaban cerca de Essex House no les importaba Stevie Nicks 
con sus cuentos de hadas de finales inciertos, 
ellos no tocaban a escondidas la guitarra por las noches, no manejaban
pequeños barcos a la deriva como el mío.
Su noche de los estorninos blancos no terminó con el sabor a cenizas
en la boca,
los gusanos de seda en las ruinas del estómago.
Como reza nuestra canción, dijiste que me darías luz
pero nunca me hablaste del fuego,
supongo que esa parte tuve que aprenderla por el camino, como otros tantos,
en la oscura senda de los tiovivos vacíos, 
en la fría noche de los cuervos negros.
Tendrá que ser más adelante, junto a los viejos recreativos
de los sótanos del muelle, 
cuando tus vestigios de nieve blanca
se reencuentren con las notas de mi cuerpo
para tocar juntos los acordes de Sara
y embestirnos como bestias 
que somos
al final de casi todos los espejos.

EL CISNE

Retorciéndose en la hierba 
se me aparece el cisne de Bukowski,
recién muerto aún en la estación 
buena.
Está junto a la fuente de Bethesda
esperando a ser fotografiado
por los turistas.

AUTOROCK

I

Recuerdo tus manos como gacelas retorcidas ante la plenitud
de mi selva de instintos,
el fruto empalagoso del desmembramiento
de este salvaje tronco
hecho de abismos y crines de alazán,
recuerdo las pisadas fuertes como guirnaldas de cuero lacio, 
venidas a cuento entre retamas
puestas a dedo entre el vaivén de la noche
y las llamas. Recuerdo tu piel
vacía ya de impresiones.
Recuerdo las viejas fotografías en un blanco y negro arañado
por la aguja cruel del tiempo,
recuerdo tus manos con anillos engarzados
abrazando todos los besos,
la suave danza de la lluvia que ensayábamos por las tardes
envueltos en las mantas del amor sin techo
ajenos al rumor de las olas
de los vuelos nómadas sin escala. 
Recuerdo los árboles 
que me cobijaban mientras te veía partir 
sin saber si volverías a mi nido de paja,
recuerdo mañanas derramadas en tu ausencia
extrayendo el mineral para mis tumbas de papel.

II

Recuerdo las dulces palmeras alumbradas por el sol
vistiéndote de mediodía,
mechones como galgos aguerridos
cayendo por mi almohada
mientras la acera de la vida
se torna juventud en vena.
Recuerdo el lema de tu pecho encendido como las olas
en este mar de confesiones,
justo cuando regresa la resaca a lo largo 
de la fría cresta de las noches,

recuerdo tu corazón áspero como el llanto de una sala de espera
cayendo al suelo deshecho en pedazos,
túnel de viento para cuerpos enfermos 
marea diurna de creencias ocultas.
Recuerdo tus manos como gacelas abrazando la placenta 
de este bendito poema
nacido entre mares,
convertido en pasto para elefantes
que rememoran montañas sin nieve.
Recuerdo las líneas de tus cartas de amor perfectamente habitadas
por mínimos placeres a campo abierto,
piedras en el camino de este rebaño 
que recorre ya ciudades vacías,
recuerdo el disfraz de borracho para las noches sin luna
la daga que parte los sueños
entre andenes invisibles
como invisible es el alma que inocente me deshace.

III

Recuerdo la mar dormida ante tus ojos hechos 
de balaustradas
que sucumbieron en viejas iglesias,
el retablo de nuestro amor escondido entre lechos de hospitales
que ya ni existen. Añoro la lluvia golpeando con fuerza
mi camisa de seda de los domingos en misa,
tu pelo enredado entre los bordes
de la madera concéntrica
que no entiende de lamentos, sólo de tiempo. 
Añoro tu sonrisa dibujada en la arena blanca 
quemada por el sol,
cauterizada mi llaga entre volantes
-no espero ya otra cosa que ir dejando mis migas
en tu huella, amor-
Y recuerdo estrellas enanas percibidas entre tulipanes
de lirio en punta, adonde van esas tardes
no llegan ya los dardos precoces de la espera,
efímera quietud que se enroca entre primaveras
buscando por donde asirse ahora que me consumo.


Recuerdo el mal entrando a luchar con mis sentidos
en batalla desigual y precipitada,
el aliento frío de la boca que ya no puede besar como besaba
entre esperanzas como puñales,
aprendo a conjugar el miedo 
como quién poda un arbusto con cuidado 
y rezo en verde
por la sagrada virtud de la rama que se tornó vieja.


Hombre de crecimiento lento 
fui circunvalando por tu orilla
hasta sentirme como hogar sin trepadoras ni flores,
segundo plato de variadas y tenues primeras impresiones 
paisaje urbano
de fotografía amortizada en blanco y negro,
canto furtivo 
de aquellas madrugadas silenciosas.

TAMLA

Mi viejo tocadiscos de la Tamla, atado al principio de la invisibilidad muda, que recién ahora muerde el polvo en el trastero de una vida
con banda sonora, ha dejado atrás su solsticio de cuatro paredes
y no ha vuelto a dejarse escuchar. 
Siento que he muerto todavía pocas veces.
No se enciende lo suficiente mi espejo ante el sentimiento desbordado
del adolescente, que recién ahora mastica el amor en la parte trasera 
de un coche prestado, Mary Wells al volante del cielo que oscurece
para no volver jamás, Atisbo de inocencia perdida 
en el fondo del gin-tonic de no siento lo mismo por ti, 
agitado por el cheque sin fondo de los años 
que has pasado sin dejar de enamorarte, con resultado en puntos 
cardinales de sutura y el grito del amor que no ha vuelto
a dejarse escuchar. Siento que creas
que eres tan valiente como para poder morir sólo una vez.
Tarde de apuntes en una biblioteca vacía, donde sólo se estudia
el jolgorio de una calle embrutecida por el sol, que recién 
ahora mastica el sabor de la primavera, Mary Wells al volante
del cielo que se abre a mi paso como todos los años. Siento 
que creas que eres tan valiente.
Mi viejo tocadiscos de la Tamla ha dejado atrás 
su solsticio de cuatro paredes
y no ha vuelto a dejarse escuchar. Mi nueva silla Malkolm 
de altura e inclinación regulables
me devuelve a mi banda sonora de cobarde
que todavía ha muerto pocas veces. 

radio tristeza

Dicen que escucha por las noches el blues frío
de la Radio Tristeza, 
mientras sacude las viejas gárgolas
del Top of the Rock. Más otoño
que se le viene encima.
El corazón
salió hace tiempo
de reconocimiento, en limo en blanco
marfil,
dejando para siempre el alma 
por el viejo Nueva York.
“Was my idea”, 
me suele decir siempre. Más otoño
que se le viene encima.

calle ocho

Me había comprometido a llevarte una tarde de domingo
a la ribera de la calle ocho,
a ver a los viejos
que juegan al dominó, a las parejas 
que se reencuentran
en los arrabales del Bryan Park.
Nos vamos 
a Café Versalles, tenemos una cita
con 
el silencio.

EL APARENTE SIGILO DE LOS TRONCOS

La primera vez que salté por una escalera de incendios
lo hice para no quemarme con la fotografía de tu piel:
John Coltrane me persigue por los bajos de esta mañana espesa
como quién inventa un reclamo para los males domésticos,
no me quieras convertir tan pronto en bandera que izar a los cuatro vientos,
no anda sobrado de talento el que esperando persigue
insulsas canciones de cosmético.
En Japón existe un lenguaje de amor entre mujeres
donde una rama desnuda 
viene a significar que nunca seré nada tuyo. 


Dormía entre las macetas mi recuerdo, aprovechando los meses de verano
para imaginar nuevas rutas de escape de tu cuerpo,
fue como en “The Boy Cried Asesinato”
pero sin más testigos que la noche y el antro que nos hace esquina.
La primera vez que salté por una escalera de incendios
fue como una cruel inocentada de Romeos,
hasta que llegamos a Washington Square en primavera
y se terminaron los parterres del amor. 


Una señal de obras atiza la espuma de mis ojos
al colapsarse con el firme, van los dedos presos de pánico 
a cogerse de la hierba para acordarse de que es jueves
y aún no es tarde para regresarte. 
Imagino como quién imagina los grandes dirigibles enviarse gritando hacia tu ventana, 


los puentes que hemos construido estos años
lo son por el tiempo que nos han visto deambular entre la nada,
como en un olvido de fuego que nos resta del nudo de sed atirantada
para sujetar por el extremo gris 
lo que siempre permanece en el olvido.


Tú y yo somos la noche que sostiene estos dos ojos ciegos
tras el aparente sigilo de los troncos. 

Boris Rozas, vallisoletano de Buenos Aires (29-01-1972), poeta de amplia trayectoria con ya 15 poemarios a sus espaldas, entre ellos los multipremiados Ragtime (2012), Invertebrados (2014), Las mujeres que paseaban perros imaginarios (2017) o Annie Hall ya no vive aquí (2018). Ha recibido numerosos galardones por su obra entre los que destacan el León Felipe, Pilar Fernández Labrador, Francisco de Aldana, Hernán Esquío, Gonzalo Rojas Pizarro, Premio Nacional Coronio, Manuel Garrido Chamorro, Álvaro de Tarfe, Justas Poéticas de Laguna de Duero, Justas Poéticas de Dueñas, María Eloísa García Lorca, Villa de Ermua, Peñaranda de Bracamonte, Premio Umbral, Premio La palabra de mi voz, North Texas Book Festival, dos veces finalista del Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma, Premio Sarmiento, etc. Ha participado en numerosas obras colectivas y antologías, además de colaborar en multitud de publicaciones de primer nivel. En 2018 compuso el Soneto para el Sermón de las Siete Palabras de la Semana Santa vallisoletana, siendo el primer autor hispanoamericano distinguido con tal honor. Desde 2014 es Ahijado literario de la Casa-Museo de José Zorrilla. Fotografía: Maica Rivera.

Las mujeres que soy y otros poemas de Manuela Vidal Vallinas

por Manuela Vidal Vallinas


LAS MUJERES QUE SOY
Encalan corredores de cordura
Y enhebran voluntades

Tienden sobre  praderas  canciones  y  refranes frescos
Y mondan, como patatas, tardes de verano y  siestas
Mientras arropan las calles jugando a las cartas
Y la suerte les huele a naftalina y a jabón “la bella aurora”

Las mujeres que soy
Guardan la fuerza del agua en sus vientres
Hacen crecer la lana
Abonan rosales  y  lunas
Levantan calmas
Y por los albañales
ven escapar las nubes de tormenta


Miran de frente  al lobo
Las mujeres que soy
Si es que el lobo las mira

Las mujeres que soy
Alumbran hijos
Que reparten por geografías de hule   sobre  camillas
Y que nombran completo  cuando  se enfadan



Las mujeres que soy 
Hablan consigo mismas
Mientras cuecen hogazas más grandes que sus días
y rezan más dudas que rosarios

Celebran la vida en forma de “cuelgas”
Las mujeres que soy
Y luciendo arracadas de color en sus orejas
Llenan de baile las plazas 
Recogen azucenas
Filan besos  y  amores 
Encienden la lumbre con sus cuentos
Ordenan el futuro en basales de cal
Revuelven artesas de carne colorada
Y miden
las mujeres que soy
En heminas de humo
El peso de las casas que sostienen

Las mujeres que soy
Las mujeres que fui
Las que he de ser
Clarean mis sombras
Y hoy, aquí, me están nombrando.

UN CABALLO DE NIEVA GALOPA LA CALLE

Eres tú, Mujer.

La ciudad, dormida, calla. Rastro de polvo y ciprés por los asfaltos de lana. Cerros 
preñados de sombra y de violeta parda. En las alcobas, el absurdo, de envenenados 
silencios se amamanta. Acerada vertedera hambrienta de carne blanda, rasga raíces y 
entrañas, como si nada pasara, como si el hedor no entrara, gustando de vecindad, a 
través de las ventanas, de los cercos de las puertas, por los nudos de la lana. 
Domesticadas pupilas permanecen degustando hiel de enquistada rama, a sorbos, la 
sinrazón, sin levantar la mirada.

Un galopar de caballo desboca la nieve blanda.

No hay telón que encubra tanto, ni el letargo del rebaño, ni mansedumbre barata, 
cómoda frente al espejo de esta barbarie de nácar.
Las cloacas son ahora simiente de azucena blanca.
Y en píe tú, Mujer, las sangres, las espadas, el cuenco amortajado de las manos,
la cárcava de huesos y colchones.
Y en píe, tú, Mujer, sin aguardar a que vengan, a que despierten, cubriendo tú de 
tormenta las vaguadas, arrastrar de grito y de perros, de llanto mutilado y de 
herrumbre en la balanza.
Por los cerros de violeta y sombra, volverá jadeando el alba, blandirá razones frescas 
frente a tantas pobres almas.

Y el caballo desbocado con su galopar de nieve anegará las almohadas.



Qué galopar de caballo.
Qué duelo de nieve clara rodando en gris asfalto enredo de fría lana
En píe vástagos de polvo, nubes repletas de ansía, formando voluntades férreas de no 
pararse ante nada.

Para las bocas sin cielo han de traer la palabra, han de volver, poco a poco, el eco, la 
risa, el beso, la luz, la alondra, la canción, la cama.
Han de volver como huye ceniza ya la soga enamorada.

Un caballo de nieve viene con un galopar de plata

Eres tú, Mujer.
Y en las esquinas, azucenas blancas.

LA CASA

De solidez extrema
luce unos muros de agua
y unas ventanas desnudas y grandes

las risas de las niñas trazan raíles de plata
y el sol saca del pozo
el color del rosal distraído

luego   la parra nombra la calle
el verde del huerto
los manzanos   los ciruelos   y   hasta el peral
otorgando sobre el murete de piedra
la esquela crujiente de los negrillos
mientras un viento   torpe   tropieza
las maderas de un corredor que   aún
no hay

De solidez extrema 
la recorro descalza y dejo
para un mañana que tiembla
el colocar las alfombras que posa la noche
junto al vacío de sus vasos de leche

Como una vieja cafetera vencida de fuegos
el silencio alerta de que se duelen las arañas
y se alejan
de   que   se marchan enveredando telas y lamentos

No hay chimenea.
Aún.

a mamá

He amputado el poema
Al escribirlo
Llora como llora la parra su pérdida
Con la poda

No hay más.

Solo la M de Mamá.
Y  Marzo.

XANTEN – LA BAÑEZA

Isla  de  Bemmel
le pesa mucho el gris al cielo
avanza  lento
sobre los tejados negros
y ordenados
y estrechos
con secretos y rutinas a dos aguas
discretos silencios en los visillos breves
ávidos  de luz y  días 

No sé qué hay detrás de las ventanas
la intimidad crece en las macetas de las puertas
con el verde de los arces
por los campos de maíz
el  Rhin fluye quieto, a mi lado,
ajeno a mí
mientras una voz  nombra la ruta trazada.
Colonia.
Llueve.

Llueve.
La Bañeza  está vacía  a las cuatro de la tarde
“Noche y Día”
rebecos    linces en la televisión, de fondo
madre e hija hacen juntas los deberes
ecosistemas     animales herbívoros



Tomo un café.
De vez en cuando, un chasquido de neumático sobre el asfalto
y quietud
detenido el tiempo, ajeno a mí
continúo esperando.
Ha llegado el frío.

    Ráfagas de viento de más de 100 km por hora  / el desnudo  es  esta intemperie de frío / 28º 38´07´´ N / se eriza la tierra con solo nombrarla /    de ellas ignoro su nombre /  Chiuahua tiñe a diario el cobalto de un hediondo olor que alerta al coyote y al puma / me pregunto si sabrá de esto el sol /  ha de darle hoy cuenta mi voz /  esos viejos cantos rodados del río han de  hablarle frente a frente/  en ellos apoyo mi rostro para escuchar sus pasos y  en proclama  los versos sacan del agua  lo que desconozco/ el color de pelo de la madre/ la risa de la hermana/ el canto de la hija que trenzó a su misma  luz/ la foto en el perfil de Wahtsapp con su amiga preferida / pero también el miedo de sus ojos / las rachas de arena que las desaparece y le borra la muerte / Feminicidios / crece el zacate  y el sol  divide  la sombra de lo que digo / lo desviste sin pudor del ropaje de luz / ojalá  supiera  devolvérsela este poema / el frio es ahora esta intemperie desnuda / 106º05´20´´ O/  Ráfagas de viento de más de  100km  por  hora.

( Coordenadas )


Hoy se andan doliendo de agua mis ojos
como el sendero se duele de la vecindad de las amapolas
es albufera  de  silencio hoy el grito que callé
y el daño sufrido es
monte escarpado
mañana de polvo
o Filo de navaja
como cada mañana en la que los mercaderes madrugan para vocear quebrantos 
y duelos a  mitad de precio, de entre su mercancía,
me nombro
hoy que se andan doliendo de cristal mis labios
que no besan
que permanecen asustados   temerosos  palidecidos
a modo de cartel de un cine antes de  su derrumbe
última sesión
hoy
hoy que los espectadores andan huidos
y las butacas tosen  la tierra de estas ruinas que soy
me aferro a la cuerda  que arrastran sus bocas.
Me levanto. 

Locura es ser en lo que debo ser,
abrir cielos en sangres condenadas
abrir luz …
Antonio  Colinas.  Muerte de Armonía.

Locura es ser en lo que debo ser, 

de dónde ha de volver la palabra
por qué torrenteras umbrosas
descenderá sangre entonces
hasta volvernos semilla  sueño
sombra y luz
lo que somos
yo no sé quién soy en el poema
y tal vez esto  debiera borrarlo
o deba 
¡oh, locura!
permanecer siendo en él lo que debo ser
Palabra 
río  intemperie fuego  olivo   barro
nada es y rebosan  brizna sedimento  las manos

de qué deriva de agua  ha de llegar la palabra
misma e ilesa
como si de abrevar musgo canción  monte regresara
con la humildad intacta
otra y nueva
qué cielo usurpado trae
ahora que todo el silencio de la tarde es para la abeja
qué valle
amorando  de verde los prados
los pequeños huertos en su gloria estival
las eras 
donde duermevela aún el oro primero
sol y  mies 
expuestos tendidos
abriendo cielos de sangres condenadas
abriendo luz en la noche del dolor

Manuela Vidal Vallinas (Quintana del Marco, 1967.  León, España)  Poeta, escritora, divulgadora cultural. Estudió filosofía y letras  en la Universidad de Valladolid en la especialidad de filología alemana. Ha colaborado con el suplemento cultural El filandón de Diario de León, dirigido y presentado “Qué lees, qué escribes”, programa literario, en Onda Cero Radio.  Promotora  y participante activa de un gran número de eventos de divulgación de la cultura.  Junto a otras cinco poetas, compone el colectivo poético “En Boca de Mujer” a través del cual, entre otras actividades, acercan la poesía a los centros escolares.  Autora de relatos como “El Trapero” o “Cuando la hierba se tupe a los lados”. Su poesía forma parte de poemarios colectivos como Versos a Oliegos, Junto al Agua (Poesía a Orillas del Órbigo), Homenaje a Concha Espina, Homenaje a Josefina Aldecoa, El ciego que ve (Homenaje a Antonio Colinas) Por ocho centurias (Homenaje a Torres Villarroel y a la Universidad de Salamanca) o La palabra en la noche (poemas alegóricos de la Navidad). Fotografía: La nUeva Crónica. NEMONIO.