Muestra poética de Diego Quintero Martins

Salet

Nadie quiere verse desnudo sin furia sin calcio, sentir lo perdido por el tiempo —envejecer y decirse su padre. Regreso al útero donde la música es sad y los colores púrpura y las razones de los colores una reacción hormonal. Regreso al útero donde reside lo explicativo y contemplo el resto de mis dientes.

Baby we rolling

Sonámbulos en un motel a la ribera
donde teorizo con el fémur
si soy quien digo ser, tal vez un chico rudo
junto a otro menos rudo.
Un motel a la ribera donde es fácil
cuestionar mi nombre a gritos, el eco
que rasga cuando un hombre entra
dónde ningún hombre entró,
la lengua como una arteria
entre la pelvis y el latido.
Sonámbulos pero no iguales,
nunca iguales, ahí la gracia
de la piel sudorosa: brilla
como lo nuevo, un diamante
en la carne. La mañana siguiente
diremos haberlo perdido.

I

Nací al límite de la soviet donde los árboles, recuerdo, las hojas, recuerdo, se abrazaban a la tibieza de julio como las manos pequeñas y grises del recién nacido. Lo demás se diluyó en la nebulosa de los primeros días tal cual la juventud paterna se diluye en lo cirílico. Taskent se olvida y avanza y se adhiere a la gangrena del tiempo, repta, sí, con el cuerpo acercándose a la descomposición necesaria, inevitable. Mi enfisema es signo de varios trabajos de call center y los kilómetros equidistan los años, un bólido es para soñarse ¿o no? Un bólido me lleva a una isla microscópica del atlántico. Mis abuelos viven en Mindelo con algo de sosiego a pesar de pertenecer a un pueblo vibrante y pienso en la morabeza y pienso en la morna y los barcos son temporales.


Diego Quintero Martins (Taskent, Uzbekistan, 1990) es autor de los poemarios Estación Baudelaire (Ediciones Espiral, 2015) y Taskent soledad ultra (Ediciones Espiral, 2017/Ediciones liliputienses, 2019).

Poesía y patrias: Carlos Calero

Sobre la cabeza de un perro

Tu memoria respira olores sagrados, grises, turbulentos; olores insatisfechos por el
derribo donde anidan palomas hojalateras, palomas vende ropa y helados. En los techos
viven reptiles sastres que visten corbatas y gabanes. Los insectos observan la infidelidad
de las amapolas. La casa de tu memoria amanece, no cambia de ropa, de penumbra ni
los sueños; no se peina con un espejo; no se lava el rostro ni usa collares de ballenas en
su cuello; no limpia telarañas ni exhala vapor de arroyos. La vida es atrapada por el
misterio, entre jardines y respaldos de las sillas, para que la casa espere a los viajeros,
cuando no ven más que un horizonte sobre la cabeza de un perro.

Ecología

No jugamos las cartas ni dados frente al manto de la muerte. Anunciamos el sepulcro.
¿Y la ardilla, el perezoso, las larvas, las crías de águilas vírgenes? En el bosque existen
tumbas culpables. El canto migra a los pájaros para que retornen. Nos bajan y quitan los
clavos. Trasladan muerte a las arboledas. Sabemos que ninguno pondrá sus talones en el
paraíso sin perder la honra ni la memoria sagrada de la selva.

¿Ahora qué falta?

No hablemos de ruinas. Echa bulbos el tiempo, acumula frío el recuerdo entre senderos
de piedras, árboles y sombras que reniegan del espejismo. No existe otro camino. La
infancia soy yo. Veo entrar a la muerte, con luciérnagas y aldeas de tierra. Un
camposanto en Masaya es el destino. Mi voz habla de tripulaciones que caen de los
ataúdes. Y entonces pregunto: ¿Ahora qué falta?

Victoria

No he descifrado la sandalia de tus sueños.
Decilo con el corazón sobre la tierra o la sangre de los santos mendigos.
Esta verdad, como una manta, cubre mis ojos.
Quiero escarbar las grietas que crujen.
Tus ojos solo ven ruinas de estatuas, no encuentran a los amantes.
Que no me nieguen tu sacrificio feroz por los muertos
ni la virtud esencial de los inocentes.
El silencio te hace fuerte.
Que se levante el amor con su canto y el océano.
Pretendo una canción de tribu y nieve en las montañas.
No sé si confiar en la soledad, las caravanas o éxodos, o los sepulcros
y conquistas de quien muere si ama.
Desconozco el instante de tu gloria.
Hubo un idioma, hubo profecía en el arbusto con llamas
y la hojarasca del risco sagrado.
Las palabras son mi destino.
Huye, muerte, lejos de nuestros hijos,
no intentes invadir sus sueños.


Nicaragua, 1953. Se naturaliza costarricense. Fue docente en secundaria y la universidad. Gestor cultural. Ha publicado en poesía: El humano oficio, La costumbre del reflejo, Paradojas de la mandíbula, Arquitecturas de la sospecha, Cornisas del asombro, Geometrías del cangrejo y otros poemas, Las cartas sobre la mesa. Antología Generación de los Ochenta. Poesía Nicaragüense. Ganó la convocatoria del Centro Nicaragüense de escritores con su libro El humano oficio. Mención de honor en el Concurso de Poesía Leonel Rugama. Una plaquete Muerden Estrellas. En el 2021 publica Hielo en el horizonte, con la Editorial El Ángel Editor. Ha sido publicado en revistas como Carátula, Altazor, Nueva York Poetry Review, Círculo de Poesía, El Hilo Azul, Andrómeda, Isla Negra y otras. Ha sido invitado a múltiples festivales de poesía en Centroamérica; Primavera Poética de Perú, Bogotá y Paralelo Cero, Ecuador.

Poesía colombiana actual: John Gómez

Para aprender a cazar moscas
es preciso querer cazar moscas,
dibujar el mapa en el aire,
la línea que conecta
el ojo con la mano,
           la mano con la mosca,
           la mosca con el ojo,
y viceversa.

Para aprender a cazar moscas
es preciso saber
que es imposible cazar moscas,
hendir el aire en un zarpazo silencioso,
dejarlas ir,
con la consciencia adquirida
(quizá por primera vez)
de su vuelo.



Un meteorito se dirige contra la tierra
pero seguramente nos pasará de largo

Sobrevivir un día más
para darte cuenta
de que el problema nunca fue el capitalismo
sino tu cuerpo debilitado
que no soporta más medicamentos
contra la fiebre.

Saber que pronto se poblará la tierra
de virus y bacterias milenarias,
y que la extinción total
no vendrá de la mano
de invasiones alienígenas
      en Estados Unidos,
ni una tercera guerra mundial
que nunca detonó.

El miedo está allí
pero nunca tuviste material
       de héroe apocalíptico,
a pesar que el ex esposo de tu tía
tenga un leve parecido a Jeff Goldblum,
o te sepas de memoria
todos los diálogos
de alguna película de Ridley Scott.

De repente, todo te toca,
y capaz que era mejor
haberse unido a la Fuerza Aérea,
recibir entrenamiento militar
o haber aprendido karate
en un domo venido a menos,
que quedarte en casa
viendo cine cada noche.

El fin del mundo no será televisado,
recuerdas, de repente,
sosteniendo las cobijas
para lidiar con los escalofríos
que recorren todo tu cuerpo,
mientas afuera
alguien transmite
un live del juicio final,
             y ese alguien
                no eres tú.



La balada del último hombre

El último en morir
por favor que apague la luz,
que salga de la ciudad gris,
que vaya a las montañas
y respire el aire frío de la niebla,
que se quede allí el día entero
contando pájaros,
sintiendo la lluvia caer,
que pruebe a contar también
cuántas casitas devora la hiedra
y le declame un par de poemas al eco,
que tararee una canción aprendida
en la niñez,
una copla o un refrán,
de esos que enseñan los abuelos, 
y le pida perdón a los bichos,
a nombre nuestro.
Y por favor que apague la luz,
que cierre la puerta con cuidado
de una vez y para siempre.

John Gómez (Bucaramanga, Colombia, 1988). Magíster en Filosofía y escritor. Director de la plataforma cultural Alter Vox Media, la Editorial Sátiro y la Librería Zarigüeya. Creador del «Certamen Nacional de Poesía Basura John Gómez». Perdedor en infinidad de concursos, premios y convocatorias literarias. Autor de XIII (2019), Baladas Baladíes (2020) Poemas para lidiar con uno mismo de madrugada (2021), Máscaras (2021) y Opus Diabolicum / El evangelio de las Brujas. Algunos de sus poemas han sido traducidos al francés, griego, inglés, italiano y rumano. Ha hecho parte de un montón de festivales y ferias del libro, detesta las mafias alrededor de las instituciones culturales y sueña con la llegada del fin del mundo. Le gustan los mapaches.

Poesía hondureña actual: Armando Maldonado

OFICIO IMPOSIBLE

Mi corazón es el nido que espera a los alcatraces que habitan en las ruinas luminosas de un mundo  que solo ha sido habitado por las fábulas. Amar es un oficio difícil, más cuando se ha nacido tarde  para cumplir la misión para la que has nacido. No hablaremos de los pliegos vacíos que han  depositado mis venas en el puerto en llamas de esta ciudad, que atardece esperando el galeón triste de la noche y sus tripulantes de espectros y fornicación.

Mi corazón, blando como una mano que se niega a matar, solo conoce las notas de la música que sirve para dormir la marea de los ahogados. Amar es un oficio relativamente fácil si has nacido con el pecho inflamado en la penosa asfixia del asma. Ahora todo es tranquilo en el barrio en el que nací.

Mi corazón es una roca que se desmorona en cada latido de la montaña. Amar es un oficio imposible bajo el sol de nuestros días.

BAILANDO SOBRE LA MUERTE

Y allí está, el fantasma de Mao Zedong bailando, vestido de arlequín mientras cambia la bombilla que alumbra la puerta de la casa donde nació. Una mujer vestida de rojo le entrega un libro, Mao Zedong no para su baile frenético. Un camino de piedras coloradas le llama, Mao Zedong baila, trina una flauta en llamas invitando a los vagabundos a lavar sus harapos en las aguas de su río. El fantasma de Mao Zedong es delgado y viste una chaqueta gris, después de eso no tiene datos relevantes más que un par de monedas con rostros de gente igual de muerta que él en sus bolsillos y campanas que anuncian la formación de tropas en todas las plazas del mundo libre. El fantasma de Mao Zedong baila y sus zapatillas blandas han tomado el fuego de un arcabuz ronco, tenor que desgarra silencios en su garganta. Se ha extraviado su boina gris, las bancas de la plaza no dan referencia. Y allí está, el fantasma de Mao Zedong, bailando sobre la muerte, solo bailando.

DAMICLES ERRANTE

El que ha dejado su casa para hacer suyo algún pastizal seco en otra parte ha creído en la profecía de las estufas apagadas. El que en su huida no ha dejado nada más que un cuadro de la Virgen colgado en pared y un par de calcetines en los tendederos que no llegaron a secarse antes del alba. El que contra todo pronóstico salió de su hogar como un ladrón, tomando niños y zapatos al azar. El que aun sabiendo que imaginando el olor de otros campos no encontrará el jardín para el descanso. Ese que huye de lo suyo y abandona los sueños forjados en el vientre de las pesadillas. Ese que cruza ciudades, desiertos y vías de trenes moribundos, ese que un día huyó de los rezos, huyó del pinar, huyó de la bala incandescente, del sortilegio enmarañado que tejían las bestias. Ese que no tiene más destino que lo incierto. Ese Damocles errante, triste, lloroso y despreciado, al que los temas virginales de las fronteras son una espada sobre su cabeza sostenida por el soplido imaginario y tardío de burócratas y tenderos de monedas.

DILUVIO

Un diluvio ha inundado las gargantas de mi gente. Es la hora en que las bestias de la seda engullen la época, el tiempo es un Chardonay más puro que el Jordán del año 30. Los moradores del pie de la montaña trajeron noticias del aguacero cuando todavía era un charco descalzo que saltaba ríos y comía los frutos de la rivera la mañana de los domingos. Nadie creía por aquellos días que la vorágine sería erguida como un mar de pie, inmóvil, donde los hombres tristes y mujeres huérfanas de caricias chocarían en sus ansias de pan y luz. Los moradores del pie de la montaña advirtieron estos días. Su profecía turbia inundó nuestras voces. Henos aquí,

ahogados.

Armando Maldonado

Nació en Tegucigalpa, Honduras en 1983. Es Poeta, editor y gestor cultural. Fue fundador del Grupo literario Máscara Suelta. Fue miembro del Colectivo de Poetas PaísPoesible y del Taller de Poesía Edilberto Cardona Bulnes. Director de Ediciones MALPASO. Ha dirigido y colaborado en la creación de espacios culturales y literarios por más de 15 años.

Ha publicado: Caligrafía de la sed en 2021, Ciudad que no canta en 2021, Misa de los suicidas en 2019, Coloquio de la tempestad en 2019, Un poema que hable del mar en 2016 y Así tu cuerpo en 2013.

Dos poemas de José Miguel Lecumberri

por José Miguel Lecumberri


YAOTZIN, EL DE LA PIEL DE JAGUAR

Triante y desgloso la carabina
El primate ejerzo con la verdad a cuestas
Y de tumbo en rabo la colina cribo 
El trasto soy bajo el chorro latifundio
Presto ojo a la colmena cenicienta
A la crin que vuela como siderales flamazos
De una Estrella vahídos
Rafago la tumba que me acecha 
Como una madre puma a sus cachorros 
En el centrelo de la Tierra acurrucados 
Al calor de una nostalgia inocua
Desconocida y yerma fulgo 
Me mueco de mis estrechuras me silbo 
Fúnebremente 
Y camino osco airado por aceras craquel 
Donde ningún dios se ha quebrado la pélvica 
Manía de la dionisiaca servilitud 
El Osado cráneo que fino 
Con plomo al diente 
Y relámpago olímpico
Ya caigo en cuenta cuán ruin
Cuánto esperpento me marchitó la floresta
Ahora que oigo al quetzal florear los hielos
Floriponda existencia entre pluma y canto
Entre flor y sangre.

YOHUALLI EHECATL NAHUALLI TOTECUHYO

Goteaba un verso árboles postrados al otoño 
Un recuerdo cuya ventana da a la tristeza
Miradas retirándose como niebla entre los árboles
Cuerpo esculpido por la noche
Adquiere la forma del olvido
Hay un silencio enredado al humo de mi cigarrillo
Hay cenizas cayendo de mis palabras
Aún calientes
Aquí está la ausencia mostrándonos su victoriosa carne 
Su guirnalda de sombras
Aquí estamos con un laberinto de hojas en el alma
Con una voz que el polvo oscurece
Aquí estamos ante el súbito descubrimiento 
que el dolor deja caer como un puño de piedras preciosas
En el fango
Goteaba un beso los frutos de un paraíso prohibido 
Cada uno deja su nuevo rostro en las antiguas piedras de la mentira
En el artificio feliz que arrastra tu nombre por aquello que ignoro
Por tus famélicos dioses que hoy deliberan en silencio
En catacumbas que contienen los secretos de la resurrección 
En la ciudad se van extinguiendo las luces
Mientras me esperas en la cama tibia
Y el sol destroza sus rayos 
Para construirte una caja de cristal.

Yohualli Ehecatl Nahualli Totecuhyo: Se trata de una expresión encontrada en el Códice Florentino. Difrasismos de la paremiología nahuatl que significan: ”viento de la noche”, en tanto inexorable, intangible.


José Miguel Lecumberri (Navarra, 1981) poeta, aforista, filósofo y músico. Ha escrito varios libros entre los que destacan los poemarios: El jardín de las nueces (Editorial Praxis), Moncloe Pisicis (Versodestierro) y Amaia (Barbas Poéticas), el libro de ensayos: El matemático negro (Mezcalero Brothers) y la recientemente publicada colección de aforismos: La cuna de Judas (Cisnegro). También ha publicado sus textos y traducciones en las revistas digitales Zenda, La Otra y Barbas Poéticas.  Como músico participa en el ensamble sueco-mexicano de noise avant-garde Dark Ages MirrorMan que cuenta con un EP Tezcatlipoca y actualmente está por publicar su primer LP.

Estos poemas forman parte del libro ”En las venas de la noche”, de próxima aparición por la editorial Buenos Aires Poetry.

Poesía fronteriza: Masiel M. Corona Santos

                                                         Gestión por María Macaya

LA ESTRELLA COYOTE

Un millón de ventanas se abren
escalamos la culebra
su cúspide llega al centro
el cordón de cada llave
       engancha una campana;
            en su vientre
                 nos hundimos.
Dividiéndose las puertas
            el viaje:
nuestros dedos esparcidos por el suelo
     tocan el agua sobre un cachorro lienzo.
     Lenguas sagaces
     cortan el cabello de las hienas
     birretes imprimen anillos; en los brazos
            lunares.
La mirada somete al cauce sin orillas
en ojos cerrados
      la luz no resplandece.



LA SACERDOTISA

Entre el corazón y los ojos
estamos
     dentro del cuello
        luna
             agua
                 viento invertido.

El día se agita
la oscuridad su destino cede
desnudos
      enraizamos las corrientes
            barajamos las preguntas.



LUNA DE FUEGO

Su garganta serpentea voces
exhuma a los muertos
     divide.
Su lengua
      como serpiente
desciende por el ombligo
      golpea la tierra
se vuelve raíz.
Sus ojos invocan el fuego.
Ella dibuja círculos en las hojas
un remolino devora cuerpos
damos vueltas en él
soltamos nuestros miedos
       estamos dentro.
En la boca hay hormigas
atraviesan nuestros labios
sentimos su poder.
Cuando nos escupen debajo
nos cortan las alas
nos volvemos bestias.




El PARAJE

Entre la lengua y las manos
gira la rueda
       donde se unen
                  las palabras
tejidas con aire
            voces
       parpadean sin hundirse.

Habitar el lado secreto
     domina a la serpiente
                detiene los ríos
         altera el curso de la luna.

Seres de fuerza
           cambian el tiempo
      guían
             los sueños
en la tierra del fuego
             y la memoria.
*Ilustración por Sergio Sánchez Santamaría

Masiel M. Corona Santos M.A. en Literatura Hispánica, Lingüística y Civilización (California State University of San Bernardio). Se certificó en la enseñanza del idioma inglés (California State University of Fullerton). Lic. en Literatura Hispánica y Cultura, Especialidad en Estudios Chicanos/ Latinos (University of California Irvine). Es autora del poemario Cantos Revolucionarios (Editorial Letras Huastecas, Nuevo León, México) y fundadora, editora de Revista Raíces.
Colabora como editora de Revista Quimera (Costa Rica). Ha publicado en diferentes espacios impresos y digitales como Literary Journal Voices (CSUSB 2019, 2020), Punto de Partida, UNAM, Periódico Poético, UNAM (México), Nueva York Poetry Review, El Beisman (Chicago), La Ninfa Eco (Reino Unido), Pruka (Venezuela), Alma América (España), Somosenescrito (California), entre otros. Sus poemas también aparecen en varias antologías.

La fecundidad del canto en Semillas cósmicas de Julio Barco, por Francois Villanueva*

Por: Francois Villanueva Paravicino*

El poeta prolífico y desbordante, irreverente y cuestionador, Julio Barco, en su paso por Huamanga y Huanta, me obsequió un ejemplar de Semillas cósmicas (Mención Honrosa del XI Concurso Poeta Joven del Perú del 2020), una obra donde, creo yo, se define y moldea mejor su Ars Poética, tal vez con mayor originalidad y voz lírica propia que en sus entregas anteriores.

Si en aquellas obras se expresaba y rendía tributo con la mímesis o imitación de sus modelos poéticos (dígase Hora Zero, Kloaka, Neón, etcétera), explorando la ciudad urbana a través de una voz psicosomática o esquizoide, sus bordes y descentramientos, sus periferias y sus formas urbanísticas, en Semillas cósmicas encontramos un canto propio, sincero y honesto con sus ideales y su forma de entender la poesía.

“El poemario de Julio Barco podría considerarse como una obra que, tomando como motivo lo absurdo del hombre en su pluralidad, hurga en la inaprensible naturaleza del lenguaje”, afirmó el Jurado Calificador del certamen. Y es cierto. Tal vez en esta obrita se entienda que la principal preocupación de la poesía de Barco es el lenguaje: sus excesos-desbordamientos, su parquedad y sus límites, su potencia y su fuerza, su fuerza de procreación y su instinto destructor. He allí sus méritos.

Julio Barco, autor del poemario Semillas cósmicas.

“Todo lenguaje es simiente / Toda simiente es poesía / El poeta es madre de la luz”, afirman los versos finales del primer poema del libro. Y, como una advertencia o unas palabras liminares, el hablante lírico de los poemas desarrollará en su canto la idea central de que las palabras, el verbo y el lenguaje son fecundos, son vida, son la razón principal de la existencia humana.  

“Yo no soy el bosque. Yo soy apenas un hombre lleno de hombres. Un cuerpo lleno de señales y sentidos.  Abierto un instante a la vida: con cerebro y profundidad de ideas”, rezan los versos en prosa de la composición “Volcán de Agosto (balada de las semillas)”, donde metaforiza al ser humano como un ser “lleno de señales y sentidos”; es decir, como un cuerpo construido de lenguaje, de verbo y de significación.

“Y tu fuego será una semilla en una hoja. / Y la semilla multiplicará su sentido. / Resplandor, epígrafes, nubes: / me alejo por siempre de las bibliotecas”, se destacan en el poema “Me inquietan los caminos que toma la gloria”, donde de forma versista se conjuga la metáfora de la fecundidad de la cultura letrada, libresca y bibliográfica. Es decir, de la fertilidad de la hoja escrita, que, como enseñan los maestros, imita o supera a la vida.

“El alma viaja en la simiente, el ser en el lenguaje, y este lenguaje es pulido material del sueño”, se escribe en el poema “(El sueño y las semillas)”, que, como una fenomenología del espíritu, relaciona al lenguaje como la casa del espíritu y del ser. “La poesía es una semilla que repercute en el cuerpo (…): fecunda tu idioma y canta”, también afirma el hablante lírico del poema “(El destino de la semilla)”.

Por ello, el poeta Julio Barco destacó, en la ceremonia de la premiación, la idea que inspiró este poemario: “El arte de la poesía, en su belleza, surge de la necesidad de un rito antiguo: la fecundidad y el canto, la necesidad de manifestarnos, el hambre voraz de aclarar, entre las dudas, la interrogante sin medida que somos, la fiesta de nuestros nombres en la noche de origen”.

En ese sentido, la óptica que aprendemos de este nuevo libro de Julio Barco (autor de más de 10 libros pese a su joven edad) es que la poesía nos ayuda, cuando la escribimos, a conocer más un tema que nos inquieta o, como contraparte, nos sugiere más interrogantes, más dudas o problematiza de forma compleja algo que creíamos saber, pero cuya verdad tiene muchas más aristas y salidas de lo que se creía. Por ello, la poesía siempre es una forma de conocimiento, de nosotros mismos y de los otros.

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*Francois Villanueva Paravicino

Escritor peruano (1989). Egresado de la Maestría en Escritura Creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Estudió Literatura en la UNMSM. Ha publicado Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019) y Azares dirigidos (2020). Textos suyos aparecen en diversas antologías, páginas virtuales, revistas, diarios, plaquetas y/o; de su propio país como de países extranjeros. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007). También, ha sido reconocido en otros certámenes literarios. 

Francois Villanueva, autor de la presente reseña literaria

Poesía costarricense actual: Nathalie Crum

                                                         Gestión por María Macaya 

Poemas del libro CeEmeYeKa
(2019,Amargord Ediciones)

PEQUEÑO ESPACIO VACÍO

El tigre da vueltas en una jaula (barrotes, soldadura, concreto). Está sordo y solo puede pintar. entonces se rebana una oreja. Cuando se mueve desesperado, sus cadenas se escuchan con el crujido metálico de lo indestructible. ¿Quién le dijo al tigre que sus rayas no eran manchas? El tigre quisiera ser un felino de rango sencillo, quizá un ocelote, pero un animal tan poderoso no puede ser otra cosa que sí mismo y cargar con el peso de su grandeza. La cuestión no es ser una fiera que asusta, la cuestión es ser carnívoro, un monstruo comecarne en 2.5 metros  cuadrados. El amor, ¿qué era, si no clavar los dientes en el lomo, diseccionar partes de sí, darlos en ofrenda? Correr en línea recta no tiene el mismo efecto que recorrer campos abiertos y con grama. Sabanas y sabanas para la dominancia del paso, extensiones de tierra hasta donde la vista llega. todo para el tigre. Tanta ausencia para simular su ausencia, millas náuticas de soledades para quizás completarse. Así que el tigre escribe, pero las palabras son ininteligibles. entonces él pinta, se pinta con tinta a falta de lienzos, pero ya no parece un tigre, sino una pantera. Tan hermoso como antes, sigue desesperado en una jaula, en el espacio reducido de su mentira. Tiembla porque su rugido, es estruendoso y destruye, el último domador perdió la llave cuando perdió su brazo de un mordisco. El tigre piensa en el tiburón y quiere abrazarlo. pero él está aquí, en la sequía, mientras el tiburón habita entre sus lágrimas. La pantera ya no es más el tigre, tiene miedo de abrir la puerta de la prisión. Ella sabe que debe comer: inicia por su cola, sube por las extremidades inferiores, el lomo y la barriga llena, los brazos, el cuello, la cabeza. La última oreja que le queda.

Cadena y jaula devuelven el eco del viento.

¿A dónde se ha ido?





ESCENA JAPONESA

Alguien llega al santuario, lo dejo entrar. pido que se quite los zapatos, se arrodilla en el suelo. ejecuto la ceremonia del té, nos escrutamos hasta que el día se hace noche. Lo dejo quedarse en el planetario del jardín, allí pasta con los dragones. me alejo para escuchar el rumor de la fuente. Volteo: se ha ido. limpio las huellas del piso. cierro la puerta. Las constelaciones siguen en el firmamento.




                                                      Al pueblo Bribri en Salitre

LA AMETRALLADORA
se trabó en el cuarto disparo.

En mis uñas se mezcló el epitelio con la carne.

Corté el hilo rojo de mi dedo
y el hilo rojo siguió el camino
hasta el escombro.

Sobrealimenté la esperanza.
Deseaba un mensaje en alas de paloma.

Seguí la tristeza con la vista,
con el oído atento a lo callado:
soplé el diente de león, su cabezuela,
y la espora cuando cayó no bebió agua.

A veces la humanidad me hace llorar a chorros,
por mis ojos
van lágrimas sin hallar un acierto.

Me rasqué las piernas hasta ver mis tendones,
pero yo no sabía correr.

La ternura se empañaba entre los gritos
de las casas quemadas.

Preferí ser lobo y desgarrar
el plumaje blanco de los cisnes.

Coloqué mi cuerpo a manera de muralla.
¡Si nos cortasen las manos
con los dientes anudaríamos atrapasueños!

Machetazos sobre las espaldas.

La tierra rezó su mortal canto, sobre los invasores lloverán
las mil plagas.

Tanto hemos visto pasar la tristeza, tanto.





Nathalie Crum (1987). Aserrí, San José, Costa Rica. Ingeniera biotecnóloga y gestora de proyectos. Ha participado del XV Festival Internacional de Poesía de Costa Rica (2016) y del Festival de Poesía de Aguacatán (2017). Es coeditora de elrepertorio.org, plataforma web para la difusión de las artes literarias latinoamericanas desde 2016. En 2019 Amargord Ediciones Centroamérica publica su primer libro CeEmeYeKa, una oda al color y la complejidad humana. En 2020 es seleccionada como una de las representantes de los poetas para la muestra de Nueva Poesía Costarricense; Antología de poesía joven. Trabaja en su segundo poemario que verá la luz en 2022.

Poesía chilena actual: Moira Meléndez Castro

Silvestre, espíritu

Cuando era niña
la irascibilidad trazaba
cada uno
de mis pasos
Vaivén de fuego
en mi sangre mamífera
salvaje, libre
Las huellas marcadas
en el hogar, mientras
lo invisible
se tornaba visible
huellas celosas de la
volatilidad
de mi espíritu

Cuando
la temporalidad
y la adultez
desearon irrumpir en mí
Mordí sus pieles
con aquellos incisivos
tan propios
de la niñez
marcas violáceas,
tiñendo aquellos animales
heridos
dolor lacerante
estampado en sus miradas

Miradas
que sentenciaron
civilizarme,
convirtiéndome en una joven
silenciosa
inmersa en un estanque
monótono y grisáceo
Pero mis pulmones
Implacables
como siempre
me ayudaron a sobrevivir

Nadando en el océano
de mi propio silencio
encuentro a Silvestre,
mi espíritu
en diversas formas
onírico
cotidiano
fantástico
y puedo ser esa niña
de nuevo
la mujer que huye
entre escritos
para proteger
su fuerza indomesticable.



El cuerpo saqueado

A través de las miradas
colonizadoras
de hombrecitos que juegan
a ser hombres
soy
idealizada
y
nombrada «una gran musa»

La caída del título
es parte de un microsegundo
Bestial
Vertiginoso

Ahora soy nombrada «una gran puta»
porque mi expresión
de seriedad
les ofendió y destruyó
sus ansias de conquista territorial
sus risitas
su imaginación
y sus instintos

Los instintos dirigen
la mano y el ojo
para saquear mi cuerpo,
durante días queda vacío, estropeado
desdibujado

Pero ellos no saben
no entienden que
soy una artista
que reconstruye su cuerpo
escribiendo
existiendo.

Quien escribe

Quien escribe,
se transforma
Quien escribe usurpa historias
Quien escribe habita
entre obsesivos puntos
y comas
Quien escribe
respira tanto la belleza
como el terror



Quien escribe
se encuentra
en estado de subordinación,
bajo los sentidos
y la estética

Y ahora digo que
escribir,
es autoexcavación
entre venas,
entre nervios;
océanos
hay un aguajero negro, sin fin
sólo hay más y más

Moira Meléndez Castro. Estudiante de Pedagogía en Francés y español como lengua extranjera, UMCE, Chile. Autora del artículo: Littérature française: Antonin Artaud et le corps souffrance, Revue REF, deuxième édition 2020 y de los poemas Ansiedad, Nostalgia y La mano, Revista Phantasma, edición 2021. 

Poesía española actual: Irene Otero Calvo

Libre

Pronuncia, ¿no?
Tienes que aprender a entonar.
Aquí, haz una pausa.
¡Lo pide el cuerpo!
Pero suelta, mujer.
Déjalo ir.
¿Y la tensión?
No la veo.
Aprieta.
Tírate al suelo y grita.
Estas tablas
merecen que les reces.
Estate a la altura.
Ahora sube.
¡A tu izquierda!
Respira, por favor.
Da paréntesis.
Y, ante todo,
que ya es hora,
sé libre…
¿Tú te llamas artista?
Qué decepción, joder.




Soñar

¿Quién ha de leerme?
Pasarán años deshilachados
y este cuaderno envejecerá,
amarilleará,
oloroso,
pudriendo palabras
que una vez parecieron
importantes.
Llegarán las bacterias
a comérselas,
sílaba a sílaba.
Morirán al morir este papel.
y, en la espera del final,
ojalá
unos ojos
se reconozcan
en los poemas tristes
que construí
un día cualquiera.
Esas pupilas, esas,
son las que llenan mi necesidad
de objetivo.

¿Serán las mías?
¿Está mi verso condenado
a mi propia valoración?
¿Fallecerán pues mis pensamientos
sin más escuchante
que la misma cabeza
que los fue dando a luz?
Me leeré yo y nadie más.
En el fondo, lo sé.
Y lloraré en mi vejez
amargamente
al compás de la nostalgia
de una ilusión.
Será entonces
cuando caiga en la cuenta
de que no sirvió
el embarazo lírico
más que para inflar
ese ego vestido de gala
y hambriento de opciones.
Elegiré pensar
que fue bonita
la esperanza,
que la ínfima posibilidad
de contar algo
inflamó mis perspectivas
con explosivos colores de magia
y que, al fin y al cabo,
mereció la pena
soñar
aunque ese fuera un sueño
de aborto.



Aplausos

Hemos superado
una noche sin aplausos,
este escenario vacío
de grandes logros.
Los focos apuntan mal,
los tropiezos son protagonistas
y el público no disfruta.
Pero su crítica,
su abucheo lunar
ya es pasado.
Sobrevivida, la velada crece,
nos abraza y,
tímida,
recompone nuestro perfil
recortado de constelación.





Nació en Madrid, España, en 1991. Desde siempre los garabatos de la palabra escrita le han escondido secretos. Y ella no ha buscado más que desentrañarlos durante años.
Quedó finalista en el VII premio literario El Pequeño Consumidor Energía y Clima por “El verde confidente”. Ganó el Primer Premio de la Universidad Privada
Cardenal Cisneros con “Lo fácil de la Negación”. En el año 2017 estrenó en el teatro Nuria Espert su obra teatral “Lo que no quiero”. En 2020 la editorial Libros Indie publica “Secuencias”, su primera novela.
Actualmente funcionaria de carrera en el Cuerpo de Maestros de la Comunidad de Madrid, está a la espera de la publicación de su segunda novela “Una huida”, ilustrada también por ella. Irene sigue escribiendo cada día.